miércoles, 28 de marzo de 2012

Voz intolerable

Sentose en el piano, plena espesura del desierto. El viento mojaba su rostro, mientras el paisaje florecía al compás de los dedos, que harían las veces de llave (tal vez de su alma, tal vez de su mente). La mirada perdida en todos los lugares, un crisol de opciones se detuvo frente a él. Sus húmedas y asquerosas manos amarillas de nicotina, temblorosas, llenaban el espacio vacío, notas golpeaban las paredes de aquí para allá, complementándose, bailando y amándose. Un cigarrillo inundaba el ambiente, tornándolo poco a poco, más pesado, mas espeso, oscuro, impenetrable, hermoso. Nunca lo supo, peor existió un instante en que el cuarto y la melodía, maldita, fueron uno, fundiéndose en la perfección de un momento imperceptiblemente eterno. Ladrando, llamó a la mano que escribió las líneas que al mundo mostraría meses mas tarde, así se dejo acariciar durante segundos, por la yema de unos dedos tan conocidos como misteriosos, esos que lo visitan en los momentos menos indicados o en sus noches de horrible soledad, solo para exprimirlo, sacarle hasta lo último que tenga dentro, o menos, si no lo tiene adentro, transmitirlo para que se sienta identificado. Canales impensados brotaron, abriendo caminos, descampados, fluyendo hacia las manos amarillas de nicotina y asquerosas, extendiendo de su garganta, mediante gritos cortos y desesperados. La mano escribe sin cesar, el desierto ya no es tal, una ciudad gris y lluviosa se ha fundado en sus bases. Las bocinas comienzan a sonar, ya no hay más whiskey. La voz y la mano, se han calmado por hoy.