jueves, 29 de diciembre de 2011

El 10% para el chofer.

Corría el año 1956 en la ciudad de Buenos Aires. La argentina Peronista había caído hacía no muchos meses y esto generaba un tufillo reaccionario. Fue en marzo de ese año, que los choferes de colectivo (colectiveros, bondieros, bondiman) se vieron al espejo y dijeron, nos están estafando che. Reclamaron aumentos, hicieron paros, pero el único desencadenante que estas medidas trajeron, fue la represión. Cada vez que dos ómnibus llegaban juntos a un semáforo o a un vigilante que dirigía el tránsito (sin ser necesario que fueran de la misma línea) los respectivos manejantes, enviolentados, indignados y casi al borde del llanto histérico y gritón: “¡NO PUEDE SER QUE COBREMOS LO MISMO QUE UN MOZO DE 6 HORAS DE POMPEYA!”  o “ESTA MANGA DE OTARIOS SE CREE QUE ES FÁCIL CORTAR BOLETOS, COBRAR Y MANEJAR EN ESTA CIUDAD QUE ES UN CAOS, SI SEÑORA A USTED TAMBIÉN LE DIJE OTARIO, NO SEÑOR ESTA NO ES CANNING, SI SEÑORA LA CASA ROSADA ESTA EN FRENTE AL CABILDO Y SI, ES ROSA” , fue entonces, solo entonces, no antes ni después de ese preciso momento, en esa precisa esquina de Rivadavia y Muñiz, cuando un 86 y un 55 se detuvieron uno al lado del otro, detrás de la senda peatonal como Dios y Aramburu mandan. Segundos después de el silbatazo y la manito levantada del policía que significaba “extirparte por completo del derecho de avanzar y de hacerlo, lo harás sobre mi cadáver”, sin terminar de correr la ventanilla, el chofer que se dirigía a González Catán dijo, “¿Sabes cuál es la diferencia entre un mozo y nosotros? (Y como si hablara solo, sin esperar respuesta de otro ente ser humano que no fuera el mismo contestó de inmediato) ellos tienen su mugrosa propina” y arrancó, nuevamente como si hubiera hablado solo, lo que nunca supo o por lo menos ese día (ni el siguiente, ni el que vino después, ni el otro, ni siquiera el que siguió a ese otro, tampoco la semana siguiente al mes que ya había pasado) no se dio por enterado, fue que el otro si lo había escuchado y prestó tanta atención que apenas llegó a la central comunicó a sus compañeros bondimen (como se los llamaba por esas épocas) la fantástica idea que tuvo el compañero de la línea 86 que nunca se percató de haber conversado con el de la línea 55, “Tenemos que empezar a pedir propina muchachos, eso, propina” Se levantó uno, gordo con carita de ser el dador de equilibrio a Roberto Carlos clamando “Yo no le voy a pedir limosna a nadie” El pueblo lo aclamó, o así pareció sentirse cuando sonrió después de la ovación de sus 8 compañeros. “Nadie habló de limosna, che. La propina los mozos no la piden, la gente está acostumbrada a darla, entonces, hay que crear una costumbre, una tradición” dijo el otro que no había sido registrado ratos antes. “¿Y cómo hacemos ponemos cartelitos de “Por favor, deje su propina no sea hijo de puta”? 
Fue con esta gravísima incertidumbre con la que, el chofer de la línea 55 que había no sido registrado por el de la línea 86 que si había sido registrado por alguno de sus pasajeros, volvió a su hogar y fue solo cuando le comunicó el tormento a su mujer, que tuvo ahora si una idea salida de su propia imaginación: “¡Ya está! La costumbre la vamos a generar mediante la imitación. Así como Alberdi quiso traer extranjeros educados y capacitados para que el pueblo argentino aprenda de ellos por apegamiento  (nunca supo ni cuando había leído las bases  de Alberdi, escuchado hablar sobre ellas o al menos, desde cuando sabía que existió alguien llamado Juan Bautista Alberdi y que ese hombre tuvo el “Tupé” de escribir unas bases)” la esposa del bondiman (que a partir de ahora será llamada Aurelia, no por gusto personal, sino porque ese era su verdadero nombre)  , el cual no habían registrado su presencia horas antes, mirándolo estupefacta levantó una ceja y dijo “¿Y quién te pensá vos que puede ser tan boludos de dartes propina por amor a Dió?” Y fue entonces, y solo en ese entonces cumbre entre todos los entonces habidos hasta entonces, cuando el bondiman sonrió y dijo “Vos Aurelia, vos y todas las familias de los bondimen, cada vez que lleguen al final de un recorrido le darán propina al colectivero, sea o no familiar tuyo. De esta manera, la gente lo verá y no por placer, ni por solidaridá, sino para no quedar como una verdadera rata, empezará a darnos propina a los bondimen que tanto nos lo merecemo”
Y fue así, como los familiares de los bondimen o choferes, comenzaron a viajar todo el día en colectivo, solo para llegar al final del recorrido y darle su respectiva propina al chofer. Y de a poco, de uno, tímidamente, las personas ajenas a esta empresa macabra y maquiavélica, comenzaban a adherirse a la campaña de propina. Los choferes, ya no charlaban en las veredas para otra cosa que no fuera saber cómo había salido el equipo del otro el domingo, o si se iban los militares o esas cosas cotidianas y del día a día de esos años. Sonreían a cada persona que subía a su coche, sabiendo que a mayor sonrisa, mayor propina en caso de que fuera hasta el final del recorrido, todo sumaba y ayudaba a que los colectiveros sean más ambiciosos. Y esta ambición, se vio directamente reflejada en la aparición de nuevos trayectos, cada vez más cortos. El 29 de Noviembre del mismo año, se registró un recorrido de la línea 152 que fue desde casa de Gobierno hasta Retiro. Podía percibirse un malestar entre los usuarios (y no por haber sido omitidos del protagonismo de esta historia) de ahora en más todo podía ser motivo de revuelta, los tiempos de gloria para los bondiman habían llegado a su fin.
Y no se necesito más que un día para que este presentimiento se hiciera realidad, el 30 de noviembre en uno de eso viajes insólitos, los pasajeros ya irritados por el calor y el colectivo lleno, estallaron como cañita voladora. en este caso se dice de un 24 que comenzó su recorrido en el Obelisco y lo terminó en plaza de mayo, un hombre de unos 50 años con galera, se paró sobre un triciclo pedido a un niño, previa autorización de la madre por supuesto si vamos a hacer las cosas, las hacemos como Dios manda, che. Llamó a la gente. Gritaba, por favor juntémonos aquí, por favor es un tema importante. Lo miraban extraño, otro golpe militar no, por favor, pensaba la mayoría. En eso, un muchachito que había compartido el mini- trayecto con el hombre de la galera, un alfeñique que no pasaría los veinte años, le arrebato el triciclo, la galera y de paso un rubio y comenzó. ¡¿Cómo que me tengo que tomar tres colectivos, con suerte, para llegar de once a constitución?! Sí, usted escuchó bien señora, tres colectivos. Con los compañeros (la palabra compañero siempre surtía efecto en estas ocaciones) de aquí a mi izquierda, dicho sea de paso disculpe el golpe caballero, acabamos de presenciar un recorrido desde el obelisco, hasta aquí mismo, ¡el tranvía de diagonal norte! Ya no eran sólo los pasajeros indignados, estafados y malhumorados, al punto de poder prender fuego a un pobre vendedor de “pavaditas” que sin saberlo, estaba en medio de un momento cumbre de la historia argentina y de la relación pasajero-colectivero. No podemos continuar aguantado estas bravuconadas de parte de estos bondiman, ¡buitres, carroñeros y cornudos! La plaza ya estaba por lo menos, en un 1/32 de su capacidad y algunos chismosos que caminaban por los alrededores, comenzaron a cortar la calle prendiendo fuego cubiertas que encontraron dentro del cabildo previamente profanado, al grito de: “Yuta devolveme al General”. Sí, la revuelta de pasajeros se había desvirtuado, pero en un pensamiento rápido y Maquiavélico el muchacho gritó, ¡todos contra el 29! Y así fue como, chismosos, proto-piqueteros, pasajeros indignados, estafados y malhumorados y un montón de otras gentes que ni idea tenían de lo que estaba sucediendo, ni de porque estaban a punto de bajar a un colectivero de su transporte para colgarlo en la plaza, unieron fuerzas para quemar cuanto transporte público de personas de cuatro ruedas se les cruzara. Y así fue, durante 2 días se quemaron más de 35 colectivos, 5 taxis (aún no se a develado el móvil que llevó a este incidente menor) y 3 vagones de subte.
Fue entonces, cuando, sin recibir respuesta del gobierno, ni de parte de los colectiveros, que ahora comenzaban y terminaban sus recorridos cada dos cuadras, en modo de, “No nos vamos a amedrentar y si tenemos que golpear a cada pasajero con un las monedas de su vuelto para sacarle una chirola, lo haremos sin ningún tipo de problema”, los pasajeros indignados, estafados y malhumorados, que ahora se había reproducido de forma altamente peligrosa para los bondiman, decidieron reunirse, nuevamente en la famosa plaza frente al cabildo, la catedral y la municipalidad, para debatir que hacer.
De tal debate se desprendieron las siguientes opciones:
a.    Seguir con la toma de colectivos y fogatas de los mismo, sin desconsiderar la idea de colgar a los choferes y/o usuarios que se interpusieran entre el objetivo del FAMUCI (Frente Argentino Marxista de Usuarios de Colectivos Indignados).
b.    Como los colectiveros reclamaban su propina en el final del recorrido, comenzar a bajar una parada antes del final del mismo. En el caso de que sigan los recorridos fugaces (no fugazzeta) realizar un paro hasta que se normalice el servicio.
Estas fueron las dos salidas más votadas por los activistas de la plaza de ese 33 de noviembre. Como había más de 500 personas en aquel espacio (¿verde?) público, se tomó la decisión de llevar las dos opciones a un comicio libre, a realizarse al día siguiente a la misma hora, en el mismo lugar. Mientras tanto, debía quedar en veda cualquier tipo de acción a favor de cualquiera de las dos opciones, hasta el día siguiente cuando se supiera la ganadora, los protestantes no se harían cargo de los disturbios generados y lo dejarían en manos de la justicia, es decir, librado al azar. El nivel delictivo contra los colectivos, bajo a casi 0 en lo que restó de esa tarde y lo que duró la noche siguiente.
Ese 3 de diciembre, fue un día muy esperado y luego de varias horas de expectativa y bombos y banderas a favor de una u otra propuesta, finalmente triunfo la opción B (Para más información volver a la sección donde se especifican las posibles salidas ante el problema). Se dispuso un cese a las armas (en este caso bombas molotov, encendedores, fósforos, asados), un paro de dos días en un principio o hasta que se normalizara el servicio y por último, los pasajeros que no estuvieran dispuestos a abonar la famosa propina, estarían en todo su derecho a bajar una parada antes del final del recorrido o en caso contrario abonar lo que corresponde. Con respecto a la otra medida, no se opto por utilizarla bajo ningún punto de vista debido al amplio margen de 789 votos a favor de la opción B, contra 16 de la opción A (entre ellos, 2 no videntes, un niño de 4 años y el resto militantes del FAMUCI), en caso de que se pusieran en práctica acciones relacionadas a la propuesta A, los usuarios que optaron por la B no se harían responsables y no solo eso, sino que también estarían dispuestos a unirse a favor de los bondimen para pisotear hasta la muerte al FAMUCI. Todo esto, fue comunicado por escrito a la ACA (Asociación de colectiveros Argentinos).
En fin, así fue como a partir de ese 3 de diciembre de 1956 los usuarios de colectivos se unieron en una causa común y nunca más viajaron hasta el final del recorrido. 

domingo, 25 de diciembre de 2011

Llegando tarde (Parte 3)

Ese era el día. No tendría otra posibilidad, ya no. Las otras las vio pasar como colectivo lleno, esas veces el chofer y el muchacho que veía pasar el ómnibus, eran él, las dos personas eran él. Quien manejaba y quien se quedaba afuera. No era un caso de cobardía, no. Esa razón, hubiera sido la salida simple para intentar entender, pero también la más errónea. No es momento de remover el pasado,  sirve para no repetir errores, y ese día no los repetiría. Sus pies van y vienen y van y vienen a toda marcha, casi empujándose, algún otro caminante podría pensar, ese hombre se caerá en cualquier momento si sigue caminando sin correr. Lo que sucede, es que llega tarde, llega tarde a la lucha consigo mismo. Nunca venció. Pero esta vez es diferente, esta vez por una suerte divina tal vez, estaba confiado. Si, confiado, seguro, fuerte, sabiéndose ganador antes del encontronazo. No podía fallar, todo estaba perfectamente calculado. Jamás se le pasaba detalle alguno, no tenía porque suceder justo ese día, ese día. El golpe era perfecto y lo mejor era que nadie sabía nada. El era su único cómplice y en realidad, vaya horrible paradoja, ahí estaba el problema. Por momentos el, era él. Pero él, Antonio Segovia, no siempre era él. Su otro él, vivía con un solo propósito, arruinar cualquier clase de plan, creado por su yo original. Y lo lograba, vaya si lo lograba. Su casa era el umbral de una verdadera casa abandonada, su manta, no tenía manta hasta hoy, era esta campera que quien sabe de dónde salió, su sustento y comida, lo que las personas desprecian. Y él, Antonio Segovia, aborrecía con toda la fuerza de su cuerpo la caridad, la horrible y desinteresada caridad, recurso utilizado por dos motivos. El primero, sacarse de encima al sujeto en cuestión, con altas probabilidades de hostilidad y llegado el extremo de robó, secuestro, tortura y posterior, salida fácil una moneda y cara de asco. El segundo, llegar a casa y sentirse bien porque “hoy ayude a un pobre infeliz que no tiene mi suerte de tener una familia, una casa, un trabajo y una libertad ficticia y distante de la realidad”.
Caminaba ya menos apurado, tal vez por ese vino en cartón que llevaba en su mano y nunca supo cómo llegó a sus manos, más precisamente su mano derecha. Ya estaba cerca. Eso, el dinero estaba en la campera y luego entró en el kiosco de la esquina y compró el “tetrabrik”, así había aparecido, no fue ningún acto de magia. Hubiera sido lindo un acto de magia entre tanto nerviosismo, lástima que la razón siempre vence. Intentando recordar, para no caer en errores obvios, llegó a su mente la idea de que no tenía pasado o por lo menos, no lo encontraba en los archivos de su memoria. No quedaban rastros del tiempo que pasó, había erosionado por completo, solo quedaban fotografías, reparto de cartas, guitarra colgada en el hombro, ilusiones perdidas en alguna esquina, de algún barrio olvidado. De pronto, sus pies se frenaron en un acto de anarquismo del más puro. Los observó con inquietud, casi con una mueca de risa, que les pasa muchachos, no es el día para la vagancia ya tuvimos mucho de eso, les dijo a sus fieles camaradas de siempre. Pero éstos, continuaban ahí, quietos, tiesos, inmóviles, sin vida alguna que los incitara a iniciar una caminata, corrida, salto o trote. Imposible moverlos, él, estaba empezando a actuar, a poner piedras en el camino. La solución estaba en su mano derecha, se sentó contra una pared y silbando una canción olvidada bebió. Bebió hasta olvidar quien era, que hacía allí y porque sus pies se detuvieron. Pies. ¿Pies? ¿Detenidos? Ya caminando intentaba descifrar que había querido decir su mente con “Pies detenidos”. No tuvo que olvidar mucho, para no saber ya quien era, su nombre estaba tatuado en su antebrazo izquierdo, pero ¿Quién era? Esa es una respuesta que nunca tuvo. O tal vez la tuvo o la tiene, pero no la supo o sabe ver, o no quiso. ¿Quién era? Quien es, ya no importa, es nadie es un fantasma entre el cemento. Un ser sin sentimientos, sin vida más que la que le dan sus órganos. Por esto, lo único que le preocupaba realmente era poder saciar los pedidos de estos, ya sea con comida, bebida u otros productos varios. Ahora, ¿Quién fue? (en algún tiempo pasado, no se sabe cuántos años atrás, solo sabemos que fue antes de que sus pies se detuvieran) esa era una pregunta verdaderamente interesante y digna de horas y horas y horas y minutos y kilómetros de reflexión. Fue muchas personas, muchas personas metidas en un solo cuerpo, es decir un quilombo constante como si vivieran 15 gentes en un mono ambiente de Dock Sud.  
Dobló a la derecha pasando por la puerta de una carnicería con la foto de “El mudo”, faltaba media cuadra. Media cuadra a la felicidad eterna, media cuadra al golpe. Media cuadra. Tan corta distancia, tanto tiempo esperando. Segovia estalló en una risa y las personas que pasaban a su alrededor lo miraron con firme extrañeza, pero ya estaba acostumbrado a esa mirada, ya estaba inmunizado ante ella. Aminoró la marcha y repitió en su mente, paso por paso su plan. Entonces, todo se complicó, desde su vista nublada hasta ese batallón de patrulleros frenando bruscamente antes de llegar a la esquina. Dos muchachos salieron como perseguidos por el diablo de un local, Segovia respiró, pero fue entonces y sólo entonces cuando entendió todo. Ramírez había jugado su última carta, en forma de aceite para auto sobre la vereda. Segovia, su yo, sonrió. Cuantos nombres había tenido en este tiempo, ya no conocía el real. Sonriendo, se encontró con las manos en alto encendiendo su cigarrillo, mientras los oficiales gritaban barbaridades y lo insultaban, no entendían, ninguno entendía. O al menos, no lo hicieron hasta que su mano lentamente se abrió y el encendedor cayó lenta y suavemente en un movimiento estéticamente perfecto hacia el aceite. Segundos pasaron y el ya estaba en la esquina escuchando complacido la sinfonía de explosiones. Sintió una brisa fría, muy fría. ¡La campera!, la había dejado en el fuego. Entonces Ramírez y Segovia, se abrazaron.  

jueves, 22 de diciembre de 2011

Llegando tarde (Parte 2)

Luego de varias cuadras de correr y doblar a la derecha y seguir corriendo. El personaje se detuvo frente a un montículo de panes que comían perros. Un muchacho de unos veinte años, alto y fibroso encontró un encendedor dentro de la campera, ya sin correr, caminaba. En teoría sin rumbo. Pidió un cigarrillo a un grupo de muchachos en una esquina y se fue silbando a evitar la puesta del sol. Era divertido para él, silbar y fumar, como si estuviera en un escenario, que mientras el cantante, canta (casualidad del cosmos), sale humo de esas maquinitas, tira humos (otra casualidad del cosmos y Zeus). Campera al hombro, caminaba y caminaba sin cesar. Llegó a una plazoleta, con una escuela frente a ella y se sentó, con la espalda contra la pared y la mirada desafiante contra el establecimiento. A pesar del repudio de los padres presentes, que miraban con cierto disgusto y reprobación al muchacho de la plazoleta, que fumaba, mientras tocaba una guitarra que pedía a gritos el cambio por desgarro, rotura de ligamentos cruzados, contracturas y otras lesiones graves y no tanto, éste se quedo ahí, sentadito, inmutable, pero siempre, siempre haciéndola sonar. Sentado en el banco de la plazoleta, tocaba y fumaba con la mirada perdida en alguna partícula aérea, de esas que se observan al mirar al cielo durante la tarde. Fue entonces cuando los inocentes colegiales  (y colegialas) comenzaron a emigrar del instituto y fue entonces también, cuando los adultos comenzaron a mirar con más recelo al muchacho de la bigüela y su aire ausente. El cual, sospechaban que no era tan ausente, sino que escondía la intención de engatusar, para drogar a sus hijos, violarlos (sin importar sexo, ni edad, un muchacho con el pelo de ese largo, no podía tener ningún tipo de decencia, ética o moral), embriagarlos y por último devolverlos a sus hogares, dejándoles toda la carga y molestia a ellos, sus padres. Quienes solo habían buscado el bien en sus retoños, alejándolos de todo mal, como la realidad o eso. Sí, eso. Eso, lo innombrable, era la clave, lo irrevocablemente indiscutible. Con un muchacho así, sus hijos pensarían. Y sus hijos no debían pensar, no, jamás, eso nunca. Sus hijos debían seguir con el legado de sus padres, colegio, facultad, novia, egreso, casamiento, plenitud laboral, hijos y la rueda que vuelve a empezar (agregar a gusto y cantidad la palabra infelicidad). Mientras tanto el muchacho, seguía perdido en un mundo paralelo de acordes y versos y poesía. Cuando repentinamente el mundo se detuvo -----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------  Una muchacha le disparó su mirada y su aerostático de imaginación imaginada, se vino a pique sin más remedio que el aterrizaje forzoso de una sonrisa. La muchacha, ruborizada, cambió de enfoque automáticamente, como retando a sus ojos por esa acción prohibida e indebida, pero ya era tarde. O temprano tal vez. Para cuando quiso volantear y tomar las riendas nuevamente, sus miradas ya eran una, y sus dientes desnudos se mostraban al viento para el bello muchacho cantor de la vereda de enfrente. Sus pies caminaban lentamente, casi sin andar. Ni las bocinas, las frenadas, los insultos o las súplicas de su madre importaban, nada importaba. Ni siquiera era tenida en cuenta semejante barbaridad. Importar, para que algo importe, hay que pensar y ninguna acción estaba más libre de la corrupción de la mente que esta caminata hacia la usina donde era fabricada esa luz, esa hipnótica y a la vez ingenua mirada. La guitarra sonaba por sí sola, ya que el enclenque, había dejado de posar su atención hacía ya varias horas, pero raramente esta seguía sonando con más y más belleza. Tal vez, ella, la guitarra, estaba logrando lo que el no, estaba describiendo a la muchacha, que cada vez estaba más cerca y que contrariada con toda obra de arte, solo había que acercarse para encontrar la perfección. Fue entonces, cuando los automóviles, viles maquinas de polución y consumo, se detuvieron por completo. El sueño de los fumadores se realizó, ya que estos dejaron de consumirse, aunque no pudieron disfrutarlo ya que, ellos también estaban presos del gualicho de estos dos jóvenes suicidas. El canto de los pájaros voló por los aires inconcluso y triste, sin compañía de su amigo el viento.  “Fue entonces” decía que sus miradas se apagaron y sus labios se acariciaron como si el movimiento de la tierra dependiera de ello.
Cuando recobró la memoria, era de noche. La guitarra seguía bajo sus dedos y la campera sobre su hombro. No había rastros de la muchacha. Ni la más ínfima e insignificante pista. Se levantó y muy tranquilamente se fue por donde había llegado, contrario a su llegada, esta vez nadie notó su presencia, es decir, la falta de ella. Vagando por las calles porteñas decidió entrar en un bar. Sentado en una mesa, pegado a la ventana, pidió hablar con el dueño del lugar. Su mente estaba verdaderamente rápida, sorprendido por esto sonrió maléficamente, como quien acaba de enhebrar el más macabro plan pensado jamás por cualquier remoto ser que haya habitado la tierra, o fuera a habitarla en algún momento de los siglos de los siglos de los siglos que quedan por delante, siempre y cuando escupamos sobre el Popol Vuh.  Arregló con el dueño tocar algunas canciones a cambio de que éste, le diera dos cervezas y le cobrara a la mitad de precio las siguientes, fue un acuerdo tácito y automático que habría siguientes. Era una buena manera de no pensar en la desconocida o al menos de pensarla y obtener un pequeño rédito de ello, es decir emborracharse más barato. A una cierta hora, luego de la primer cerveza, comenzó con su pequeña e improvisada lista de canciones. Entusiasmados, él y el reducido, pero acogedor, público, estiró la lista más de la cuenta, esto produjo que la segunda cerveza se acabara antes de la cuenta, es decir mientras tocaba. La ebriedad que empezaba a golpear la puerta y la boca ya reseca por la sustancia de malta, lo llevaron a pasar una improvisada pero más que útil gorra. Esto, cerró de manera perfecta para las tres partes, el muchacho pudo continuar bebiendo, la gente escuchando y el dueño del bar cobrando, a él y al público pequeño pero acogedor. Luego de varios ratos sobre el improvisado escenario, el muchacho decidió dar por terminado el show, bajó lentamente, no vaya a ser cosa de embarrar la imagen con una estampada de frente contra la barra. Se le acerco un hombre, ni joven ni viejo, un hombre. Un masculino. El muchacho no entendía muy bien que sucedía, pero notaba que algo en el tono de voz del hombre andaba mal. Quizás era porque estaba muy alto, el tono, o quizás por el tono imperativo y violento en el que lo trataba. Quién sabe. Bueno, el lo supo minutos más tarde cuando este borracho, en ese preciso instante comprendió que el masculino estaba plenamente ebrio y bajo la peor ebriedad, la violenta. Todas las piezas encajaron cuando el muchacho lo empujó hacia el escenario y él, sin dudarlo un segundo tomo el envase de cerveza y se lo partió en la cabeza.  Se disculpó con el dueño por lo ocurrido, tomó su guitarra, la campera y el sombrero y se retiró con total discreción.
Habían pasado varias horas ya, lo noto por las cuchilladas que le dieron entre el sol y la brisa mañanera, necesitaba una botella más antes de acostarse y, por lo menos, unos cuatro cigarrillos. Pero tenía un pequeño gran impedimento moderno, carecía por completo de dinero. Decidido nuevamente por la ebriedad o mejor dicho, decidiendo nuevamente la ebriedad por él, comenzó a pedir dinero a las pocas personas que se le cruzaban. Todos entre ancianos y borrachos (que por tener esta cualidad estaba claro que no tenían dinero) le negaban por completo su caridad. Dobló a la izquierda sin saber por qué. Caminó unas 15 cuadras o tal vez 3, solo Zeus lo sabría. ¿Disculpa no tenés una moneda para una birra o unos puchos? Le dijo a un hombre tirado en el umbral de una hermosa casa entrada en años y abandono. Monedas no tengo, pero te cambio mis quince pesos, por tu campera flaquito, contestó el hombre. Sin dudarlo aunque sea un instante, el muchacho le entregó la campera al hombre y este los quince pesos, perfectos para comprar la cerveza sin el envase, los cigarrillos y el boleto de vuelta a su casa, si es que todavía tenía casa y peor aún, si es que todavía existían los colectivos.  

lunes, 19 de diciembre de 2011

Llegando tarde (Parte 1)

Llegaba tarde, por eso caminaba apurado, a pasos de Godzilla, o eso le gustaba pensar  cuando daba esas largas e interminables zancadas, en las que no importaba, pisar una baldosa, una hormiga, un talón o la tibia con yeso de algún lisiado. Andaba con la campera bajo el codo, arrastrándola por el piso, “que ciclotímica es esta primavera che, la etapa menopáusica del año. Frio, calor calor calor caloooor, frio, todo en el mismo día”. Casi corriendo, probaba que tan rápido podía caminar sin trotar, le gustaba adaptarse al ritmo del resto de las personas. Personas. ¿Personas?, bailarines que siguen un ritmo y compás,  en distintas direcciones, pero por el mismo motivo, mantener vivo a un sistema agonizante.  Las cuadras eran desiertos, en las que las esquinas serían oasis de agua que siempre, se corren un poquito más allá, para molestar al pobre caminante que nunca, jamás de todos los jamases habidos y por haber, llegara  a destino, a menos que consiga burlar el espejismo. La mayoría lo logra, ya que no es consciente de esto, no ve las esquinas, solo las cruza y vuelve a empezar. Estaba cerca, lo presentía, lo olía en el aire, o quizás, en realidad se sentía más cerca porque vio la plaza. Pero, ¿cerca? ¿Cerca de dónde?
Llegando a destino, buscó, analizando minuciosamente las probabilidades de: asientos libres, sombra, vista panorámica, niños, pelotas y lugares a desocuparse a la brevedad en caso de que el elegido no cumpla con por lo menos dos de estas bases (en ese orden). O tal vez fuera mejor, asientos libres, niños, pelotas, sombra, vista panorámica y lugares a desocuparse a la brevedad en caso de que el elegido no cumpla con por lo menos dos de las bases (Si, ese era el orden). No, la sombra era un asunto de mayor importancia, sin ningún tipo de dudas y se terminó la discusión. Situación más que normal, en Ramírez este tipo de discusión consigo mismo, ya que, era un tipo muy que democrático y abierto a nuevas ideas, a pesar de que estas estuvieran ya en su cabeza. Observaba y estudiaba las posibilidades, deteniéndose cada cinco metros, o seis tal vez, verificando que el rectángulo de cemento, de probable alta temperatura, cumpliera con los requisitos previamente establecidos. Tras fallas varias, encontró el indicado, debajo de un gran árbol, Dios sabrá qué clase de planta tamaño XXL habrá sido. Los niños más cercanos se encontraban a unos 15 metros, es decir dos o tres bancos de distancia, pero, aquí se encuentra el dato que lo llevó a seleccionar ese pedazo de masa solida gris como asiento. No había rastro alguno de pelotas u otro objeto esférico que pusiera en riesgo su integridad física o la de algún alma desdichada y sin suerte, que ingresara por casualidad en la plaza y recibiera un grotesco y violento pelotazo en su frente, volteándolo bruscamente sobre sus nalgas. Y no termina ahí, el impulso que llevara el endiablado balón sería tal, que tras el impacto anal con la tierra, su tronco continuaría el trayecto, finalizando el recorrido con un golpe seco (como una nuez) de su nuca contra una de las masas solidas y grises, perdiendo automática e irrevocablemente la vida, es decir, en ese preciso y triste instante de azar oscuro. En fin, nada de niños, ni pelotas, en cambio, la sombra era óptima, por último, la vista. La vista no era de lo mejor que podía conseguirse, pero considerando que el resto de los requisitos estaban aprobados, el tema de tener en frente un banco, un pedazo de pasto y la calle  (como en ese momento) o un árbol con flores y hojas que cayeran al vacío dejándose llevar de aquí para allá por la cálida brisa primaveral, pájaros aleteando y danzando alegremente sobre su cabeza, una planta de frambuesas  y una mujer haciendo top-less en el balcón de la vereda de enfrente, eran pormenores.  A su espalda, un par de cotorras reñían por un pedazo de pan, gritándose todo tipo de insultos (a pesar de no hablar el idioma de las cotorras, era obvio que se peleaban por el pan y solo un burro no hubiera sabido distinguir los insultos) cuando llegaba lo mejor y el pleito estaba por pasar a mayores, es decir picotazos y gritos desgarradores, llegaron ellas, una paloma  por lo visto dueña de una prioridad innata desconocida por Ramírez hasta el momento, y se adueñó de la merienda, mientras las verdes cotorritas cabronas, huían a toda velocidad en una dirección desconocida. Por fin se sentó, hasta él mismo se dio cuenta de que hacía ya un rato largo, que se encontraba parado junto al banco ganador. "¿Las palomas conquistarán el mundo? Tal vez, punto seguido Lo que es seguro coma es que lo dominarían mejor que los humanos punto final" Dictó al aire Ramírez. Hago tiempo, pero ¿Para ir a dónde? ¿A encontrarme con quién? Hacer tiempo. Que expresión más paradójica, pensó. No me sorprendería que un día de estos, aparezca alguna de esas empresas multinacionales diciendo: "aprenda a hacer tiempo", sea el mejor fabricante de tiempo, nunca más una llegada tarde a su trabajo, ni a una cita, podrá estudiar y trabajar al mismo tiempo… la publicidad probablemente siguiera, pero Ramírez se distrajo con otro concepto de su idea.  La tasa de suicidios subiría notablemente, después de unos cien o doscientos años, cuando la gente se diera cuenta, de que el hecho de hacer tiempo, le permite vivir ilimitadamente y ese, sería el momento en el que familiares, es decir hijos, nietos, bisnietos, tátara nietos, tátara tátara nietos (creo que se entendió el concepto) haría juicios recontra millonarios a estas empresas que enseñaron a “fabricar tiempo” a sus padres, abuelos (bla bla) y los condujeron a los más tristes suicidios. Entonces, más que hacerlo, lo gasto  la idea ingresó en su cabeza como un rayo e instantáneamente, estalló la risa. "La señora del banco de al lado me miró, ya no soportan ni las risas, che". Bajó los ojos hacia su muñeca para saber la hora, faltaban 15 minutos para las 16, o al menos, eso imaginaba Ramírez, que carecía de reloj desde hacía años, "me molesta" argumentaba siempre, cuando le preguntaban por qué los dejaba en su mesa de luz."Que buen invento una mesa de luz. Imaginate, conectada a la pared, no necesitas velador, ni tener que pararte hasta la otra punta de la habitación a apagar la luz que te olvidaste prendida hace 10 minutos sin saber que querías dormir. Debería patentarlo, debería ser inventor, ma que cartero ni que cartero, yo voy a ser inventor" Entusiasmado con la idea, su boca comenzó a inquietarse lentamente, se agrandó, creció un poco más hasta que, de un instante al otro, quebró el silencio con su risa. "Otra vez esta señora que me mira mal, ya nadie ríe en estos días, que pena" Debe ser la hora, mejor voy yendo. Sintió que algo lo perseguía, que lo miraba fijamente. No era cualquier mirada, era una mirada fría, quieta, al parecer, sin interés de enfocar sus ojos a él. Giró el tronco, intrigado por saber quién era su perseguidor, pero no había nadie detrás. Nadie. Ni un alma, ni la señora del banco de al lado se encontraba ya en la plaza. Levantó el hombro como gesto de desconcierto y continuó su ruta.
Comenzaba a nublarse, acto reflejo, Ramírez ensayó un movimiento estéticamente perfecto para arroparse, entonces descubrió una comodidad en su cuerpo, no experimentada en los ratos anteriores.  Una sensación de que algo le faltaba comenzó a adueñarse de su mente, en primer lugar y más tarde de su cuerpo, esto lo llevaría a comprender las razones de la estabilidad entre el cuerpo, el alma y la mente. “Si mi mente esta de mal humor, porque no entiende que le falta o porque siente menos pesado el cuerpo, entonces este último se sentirá de mal humor por solidaridad con la primera. No queremos malos entendidos entre vecinos.” El pensamiento de Ramírez fue tan profundo que se perdió en su realidad, sin percatarse antes, de que su cuerpo era realmente más liviano. Entonces, sus brazos comenzaron a aletear, aleteaban cada vez más rápido, como si quisieran desafiar a la lógica y despegar del piso, la gente comenzó a detenerse y mirarlo. Observar a ese hombre que aleteaba y parecía levitar. Primero el pie derecho lentamente se despego del piso. Luego, el izquierdo hizo lo propio y suavemente, cual gaviota rozando ese gris espejo que es el mar en invierno, emprendió el vuelo. Y despegó, como si fuese una acción tan natural como dejar entrar el aire en los pulmones o pitar un cigarrillo. Fueron segundos hermosos, eternos. De pronto, recordó que había sentido un golpe en la punta de su pie, con una de esas malditas baldosas levantadas. Se abrazó al piso de una forma mucho menos estética de la que había emprendido el falso vuelo. Primero las rodillas, luego el torso, amortiguado por los brazos y por último su cara que derrapo violentamente por la vereda, avanzando unos 2 o 3 centímetros. La gente que antes miraba estupefacta, ahora reía. Ríen, no pueden reír por sí mismos, tienen que esperar a que alguien pase por ridículo para sentir que no son los únicos, para proyectar la larga agonía en una pobre alma torpe pensó tranquilizándose Ramírez. El golpe no sólo lo condujo a esa teoría hermosa, pero triste y kafkiana, sino también a recordar su campera sobre el banco de la plaza, abandonada cual pelota en la rama más alta, del árbol más alto del mundo. O del barrio, que en todo caso, es como un mundo para un niño, o al menos era su mundo cuando él lo era. Su pequeño y limitado mundo, pero suyo al fin, donde todo estaba al alcance de su mano (o al menos casi todo, si no contamos la maldita pelota, colgado del maldito árbol, en el maldito barrio, que es su pequeño y acogedor maldito mundo). Aunque su tesis, llamada de esta forma ya que era imposible comprobarla, al menos en ese momento y en esas condiciones. No sería muy tenido muy en cuenta un hombre de unos treinta años, desparramado en el piso, esa era su verdadera posición, nada de tirado o echado, se encontraba verdaderamente desparramado en el piso. Los cigarrillos a casi un metro eran la muestra de ello, para Ramírez esto equivalía a tener un riñón en la otra esquina.  En cuanto recobró la postura de homo sapiens, miró con ira a sus compañeros de caída, que seguramente se reían con él y no de él. Y se echó a correr.
Llegó a la plaza, o palomar o cotorral o cotorralpalomar. Plaza, era una plaza. Se encontró frente a su banco, aunque con la particularidad de que su campera ya no reposaba tranquila sobre éste. Una sombra pasó rápidamente por el rabillo de su ojo izquierdo. Giró para ver mejor la situación y entonces comprendió. Era su campera que huía en el hombro de un alguien que precisamente no era él, su dueño, que tan bien la había tratado, seleccionando cuidadosamente no sacarla en días de lluvia ni ventosos. Quedando solo los días de sol, que como bien se sabe, en la extraña Buenos Aires a menos que nos encontremos en invierno, una campera en un día soleado equivale a un paraguas en una sudestada caminando al lado del río, considerando que no abundan los días soleados en invierno, esa campera debería ser la más feliz de este planeta o este barrio al menos, aunque este no era su barrio, debería ser feliz al fin. Viéndose en una clara desventaja de espacio, una cuadra y media y físico, dos o tres pulmones, decidió considerar la campera un obsequió para el desconocido.  Metió la mano derecha en su bolsillo izquierdo y removió como si su vida dependiese de ello y allí estaban, mansos y tranquilos, en su bolsa de lana, sus últimos dos cigarrillos. Extrajo el paquete y sacó uno del atado. Nuevamente lo invadió una sensación de pérdida, equivalente al percance con la campera. Con las dos manos se palpó todos los posibles refugios que podía haberle dado a su encendedor, pero no tuvo éxito. Una lagrima rodo por uno de sus pómulos al recordar el abrigo en cuestión y el aparatejo para prender el tabaco. ¿Quién será su nuevo dueño? ¿Los tratará como corresponde?

domingo, 16 de octubre de 2011

¿Domingo?

Despertose esa mañana, con los típicos síntomas de un domingo por la mañana o tal vez fuera sábado, quien sabe podría ser cualquier día de la semana. De lo único que estaba seguro, era de que era por la mañana. La boca seca, nauseas, una desconocida a su lado y por último su guitarra tirada en el piso. Intentó levantarse con movimientos sutiles, casi imperceptibles pero el sentimiento de que su estomago era invadido por un grupo de skinheads cocainómanos, no solo lo dejo mas acostado que antes, si no que ahora también se quejaba. La mujer a su lado, desconocida aún abrió los ojos, casi como sin querer hacerlo. Giró la cabeza hacia el costado donde él estaba, quejumbroso por el movimiento y nuevamente abrió sus hermosos ojos verdes, pero esta vez pareció como si estos quisieran escapar. Le sonrió como si esto fuera natural y luego, al ver el desconcierto de su acompañante matutino, explicó la situación. El extraño de tez morena y rulos, olvidó su malestar al sentir la amabilidad y oír la dulce voz de la muchacha. Estaba a punto de besarla, cuando su corazón se estremeció y la puerta gimió por los golpes que recibía. El muchacho la miró, como esperando un movimiento o una frase, tal vez fuese su novio, enfurecido por haberse quedado afuera o su padre, podía ser menor, podía ser cualquier cosa, podía ser la policía enviada por su padre, quien sabe. En vez de palabras, ella emitió la misma mirada de desconcierto y luego dijo "Esta no es mi casa, pensé que era la tuya". La confusión se adueñó del momento y quedaron en silencio durante unos segundos o tal vez minutos, hasta que se oyeron los golpes nuevamente. Esforzándose, el muchacho de tez negra y rulos logró moverse y luego incorporarse. Atinó a arroparse, pero se arrepintió sin siquiera haber comenzado con la acción. Abrió la puerta. Frente a él, se encontraba un hombre vestido con un reluciente traje blanco. Fumaba un habano y rápidamente, ingresó en la habitación y comenzó a retarlo, como si fuera un chico, elevando su tono de voz más y más hasta llegar a los insultos. En eso, salió la muchacha de ojos hermosos de la habitación. "Que pasa...?" preguntó al muchacho, pero este no tuvo tiempo de responder, porque ahora los insultos se dirigía primero a ella, luego a él y nuevamente a ella, para terminar recayendo en él. Entonces, el llanto. Su representante, agarró a la muchacha la cargó en su hombro. Abrió la puerta. Y la dejó afuera. Luego, caminó hacia la habitación, tomo su ropa, volvió a abrir la puerta y la tiró en el pasillo donde ella estaba sentada sobre la pared llorando. Luego del portazo, se volvió hacia el muchacho, mudo desde que entró, este quiso salir corriendo a buscarla, a buscar sus ojos, su sonrisa, su amabilidad, su ternura, entonces un brazo apareció en su camino y luego "es solo una más..., no vale la pena. Solo por el dinero" y repitió como si ya no se dirigiera sólo a él, sino a algo más pero que él no alcazaba a ver " solo por el dinero". El muchacho se tranquilizó, se sentó en el sillón y descanso su cabeza sobre sus manos y sus brazos sobre sus rodillas. Salieron del edificio, tomaron un taxi y se fueron. El representante, la guitarra y el muchacho de tez morena y rulos.
La radio del chofer, estaba fuerte y él podía escuchar tranquilamente mientras miraba por la ventana el paisaje de la ciudad que recién se despierta. Entre la mala señal de la estación radial y la resaca, el muchacho lograba comprender algunas pequeñas palabras de la conversación entre el chofer y su representante. "negro" "putas" "dinero" risas, "drogadicto" "homosexuales de mierda". Intentando no pensar nuevamente en la bella muchacha, se volvió hacia la ventana y un policía insultaba y desalojaba a una joven embarazada y a su pequeño niño de una esquina.  Terminaba de sonar Muddy Waters, cuando el dj de la radio, comenzó a hablar. Vietnam a las muertes de soldados, se suma la represión de los manifestantes en su contra, por otro lado, nuevamente desalojaron  homosexuales de varios bares de San Francisco. Linda mañana de domingo, comentaba el conductor entre risas. Así estuvo hasta que llegaron al estudio. La guitarra, el representante y el muchacho de tez morena y rulos, bajaron del auto.
Con su corazón lleno de incertidumbre e impotencia, entró al estudio de grabación grabar. Faltaban algunas canciones y ese era el día de una sobre la cual, el muchacho había hablado con mucho entusiasmo, casi como si no fuera suya. Pero no sería un día más, no. Entusiasmo que  había desaparecido y a cambio, dejado un sabor a venganza en su reseca boca. Ese día, devolvería todo el odio recibido, de la peor forma. Ese día, fue grabada Little Wing. Ese día Jimmy Hendrix, dejó de tocar su guitarra cuando iban 2 minutos y 24 segundos, dejando que la canción solo se concluyera en su mente. 

martes, 30 de agosto de 2011

Incomunicación


Una mezcla entre amor y odio irrumpió en sus ojos. Pero toda esa fuerza contenida, no existía frente a la fría y distante indiferencia de la mirada en cuestión. Las lágrimas rodaban colina abajo por sus mejillas, luego serían brutalmente aplastadas y recogidas por el puño de su dueño, en un intento de disimular y evitar lo que era sabido. Buscaba en su mente un pensamiento, una idea, pero una a una las descartaba, tachándolas con cruces que ya no eran tales cruces, sino equis, y esas equis, incógnitas, representaban ese momento mucho mejor que cualquier idea o pensamiento que haya caminado por los senderos de su mente.
Una suave brisa acaricio su rostro y una sonrisa se dibujo en su cara, no había rastros de la indiferencia, del amor, ni del odio, solo una mano que iba y venía, hacia arriba, luego abajo y otra vez arriba y nuevamente abajo. Levantando la cabeza encontró una expresión picaresca en ella, una expresión que conocía casi tanto, como ella los divagues de él y su manía porque lo dejen viajar sin ser molestado por una mano ni por un chasquido. Siguiendo el recorrido por ese conjunto de bellos rasgos femeninos, los labios comenzaron a moverse disparando preguntas, una tras otra, tras otra. Intentó contestar. Algo no funcionaba, las palabras no salían de su mente, un acto muy egoísta de parte de ésta que se negaba a traducir el idioma que las cuerdas vocales expulsan. Quizás, lo que buscaba comunicar a modo de respuesta, no existía en forma de palabra. No, no era eso, no existía tal respuesta.
Él ya no estaba allí, tal vez, jamás lo había estado.

martes, 23 de agosto de 2011

La sombra


Besa su mejilla buscando paz. Ya pasó el susto, aunque ese grito tan mudo tan desesperante tan conocido, sigue resonando en su mente. Lo siente cerca, sabe que se encuentra ahí, aunque no lo vea, aunque ella no lo sienta, él está entre las penumbras de la habitación, vigilándolo, recordándole. Piensa en levantarse, "si se despierta se va a dar cuenta" piensa y recontrapiensa, mientras sentado hace las veces de malabarista para con su maldita mano izquierda  (siempre rebelde, siempre "independiente" del resto de su cuerpo, siempre anarquista) para agarrar un cigarrillo y el encendedor. "¿Porque siempre un cigarrillo?, porque no todo el paquete? ¿Sacar uno y dejarlo? Que tipo complicado sos".
"¿Otra vez el techo?  "pensó mientras miraba la hora. "No puedo dormir ni una hora seguida la puta madre". Miró a su lado y algo lo incomodaba, como si algo no estuviera en su lugar, aparte de los cigarrillos desparramados por el piso y el encendedor roto (maldita mano). Entonces, una idea lo iluminó, lo abrazó, ella estaba no estaba en la cama. La escuchó salir del baño y caminar por el pasillo, volver sobre sus pasos y luego decidirse por la cocina. "Algo anda mal, se va si avisarme y encima. Encima, aparte, duda si volver o no, se va, ya está asumilo chabón, se va". La cama tembló, y luego volvió a su lugar. "Que tipo boludo".
La mañana llegó, para variar con un calor incosebible, tan asqueroso que rechazó el mate, el café y las tostadas. Ella lo miró preocupada, pero luego siguió leyendo por decimoquinta vez ese libro que, no se sabe si le gusta mucho o si aún está intentado comprenderlo. "Otra vez vos acá, andate hijo de puta, hijo de puta, hijo de puta, no puedo ni disfrutar un domingo tranquilo que apareces acá de nuevo, ¿qué tengo que hacer para que me dejes tranquilo?". Se sirvió un vaso de agua y agarró el diario, mirando como siempre a ella, tan hermosa como todos los domingos, siempre y cuando todos los días se llamaran domingo. Encendió un cigarrillo, "es muy temprano para fumar che", no hizo caso al reproche y dio la primer pitada, casi desafiante. Puso un disco, el que tenía más a mano y volvió al sillón, ella se sentó a su lado lo besó y le murmuró algo al oído. Solo en el living, mirando el pasillo por donde iba y venía la muchacha, poniéndose el primer pantalón que encontraba y saliendo apurada mirando el reloj de la pared. "Ahora estamos solos, no la vas a seguir a ella el problema es conmigo" grita afirmando su sentimiento. "Sé que estas ahí, casi tanto como que no vas a aparecer, no se para que me gasto". Pensó en salir un rato al patio, pero los 38º a la sombra no lo terminaban de convencer. "¿Te estoy complicando no? ¿Si mi vida no es interesante que vas a hacer? te vas a tener que ir" mientras sonríe sarcásticamente, pone agua en una paba y está en el fuego.
"Definitivamente, este le encontró la vuelta para sacarme de encima" pensé, mientras miraba al cielo y quedaba al borde de la ceguera. Tome mi mochila y camine hacia la vereda, sin cerrar la puerta, la muchacha llegaba con bolsas de supermercado.

domingo, 31 de julio de 2011

Miles Davis, 1959, All Blues.

La fiesta
La música se escuchaba de varias cuadras a la redonda. Golpeó una puerta. Primero ingreso la altanería, luego la soberbia y por último él, Álvaro Mansilla. La gente  volteaba sus cabezas para sonreírle pero, él, se mantenía inmutable, ni un solo músculo de su cara siquiera atinaba a realizar un minúsculo movimiento. Álvaro caminó hacia la barra "Dame dos whiskeys dobles, escoceses, del más caro que tengas", tomó uno con cada mano y se alejó. Ingresó en un pasillo, contó varias puertas, hasta detenerse delante de una, por intuición tal vez. Bebió de un sorbo el primer vaso y golpeó. "Adelante" dijo una voz gruesa, haciendo temblar un florero que estaba a la izquierda de Lucio. Tragó el segundo vaso y poso su mano sobre el picaporte y lentamente lo giró.

La habitación
"¿Tiene lo nuestro Masilla?" preguntó el hombre que estaba sentado a la derecha de la puerta. "Me insulta Gómez Tulio, me insulta". "Solo quería asegurarme que sigue siendo el mismo". Álvaro abrió su sobretodo y sacó un sobre de papel madera de su interior, iba a apoyarlo en el escritorio que tenía delante, pero prefirió retenerlo, "¿Tienen lo que acordamos, verdad Gómez Tulio?". El hombre replicó, "Es usted quien nos insulta ahora Mansilla, por supuesto que lo tenemos, ¿Cuándo hemos faltado a nuestro acuerdo?"  Preguntó sin esperar respuesta y mostró un maletín negro entre sus piernas. "Tome asiento" dijo de repente la misma voz gruesa. Una figura alta y ancha salió de entre  las sombras y el humo del tabaco. Rodeó a Mansilla que acababa de sentarse. Posó las manos sobre sus hombros y segundos más tarde dijo “déjeme ver el paquete viejo amigo”, Mansilla lo entregó sin emitir un sonido.

El paquete
"Justo lo que buscábamos, siempre tan cumplidor y eficaz Mansilla", dijo el hombre gordo mientras largaba el humo de un cigarrillo importado. "El problema está, en que estas fotos comprometen a mucha gente, usted lo sabe, entre ellas gente allegada a mí” otra vez se llamó al silencio. “Ahora, queda un dilema, si lo hizo por respeto  a mí y a mi familia o por el dinero". Mansilla iba a contestar, cuando el hombre continuó hablando "En realidad, no le voy a mentir, estas fotos me  incriminan y presiento por el sudor que baja por su cuello, usted no sabía de mi presencia en la habitación esta noche".

La canción
 Dio una pitada del tabaco, esos segundos fueron eternos para Mansilla, y volvió a violar el frágil silencio con su voz de ultratumba "¿Me puede hacer un favor?". Mansilla, ya no era el mismo, la altanería y soberbia se habían transformado en nerviosismo y miedo "Si" contestó tembloroso. El hombre miró a Gomez  Tulio y sonrió, luego comenzó a tararear una canción, una canción que mansilla conocía muy bien, la había escuchado minutos antes en su auto. "Miles Davis,  1959, All Blues". Mientras asentía, el hombre exclamó un "ah" tan largo como sus silencios interminables, "Pero que idiota, muchas gracias, le ha quitado a un viejo una duda de varios días. ¿Quiere escucharla?". Mansilla pareció meditar su respuesta, aunque todos en la habitación conocían su respuesta, "Por favor, eso no se pregunta" contestó ahora más calmado.
Durante 11:30 minutos lo único que se escucho en la habitación, fue el sonido del tocadiscos, en los últimos segundos de la canción, sonó también el gemido  de un silenciador.

lunes, 18 de julio de 2011

Suárez y la persecución.

Suárez dirige sus pasos hacia la rivera, frenético, aunque titubeante. Camina con decisión. Pisa un pedazo de plástico y se exalta por su sonido, mira hacia los costados, como si alguien lo estuviera observando, eso es lo que él cree, que alguien lo persigue con la mirada, lo acompaña en la noche, esclavizándolo a la ruta que éste quiera. Se estremece de solo pensarlo, quiere quitarse ese pensamiento de su cabeza, no lo logra. Gira a la izquierda, luego a la derecha para girar nuevamente a la izquierda, cree que de esa forma conseguirá librarse de tan agobiante persecución. "Lo he logrado" piensa, "lo he dejado atrás". Pasos más tarde, oye pisadas unos metros detrás de él y aumenta el ritmo de su marcha, prácticamente corre, tropieza, intenta voltearse pero casi choca contra un canasto. Su corazón late cada vez más rápido, al compás de sus piernas. La respiración ajena se acerca, la tiene en su oreja, siente su humedad, su aliento pestilente acariciando su pelo. No comprende, su mente dice que está solo en esta caminata nocturna. Intenta tranquilizarse, entrar en razón, los pasos desaparecen, el aliento también. Comienza a mover sus piernas lentamente, como intentado disimularlo. De repente, frena su marcha bruscamente, trastabilla, su tez se vuelve más y más blanca, el sudor helado le cae por las manos, "por favor, dejame tranquilo" piensa. "No lograrás escaparte, esta noche no" dijo en su oído una voz dulce, femenina y suave. En ese entonces miró hacia las estrellas, como rezando o pidiendo un deseo y la vio, la vio como nunca, intranquila y turbia. Levantó la vista, el rio se encontraba frente a él, lo había logrado, una vez más lo había logrado.

sábado, 9 de julio de 2011

El tiempo jamás fue ni será un asunto al que darle importancia.

Continuaron pasando los segundos. Y así los minutos y las horas. Pero no lo sabés, nunca te darás por aludido. Para vos el tiempo jamás fue ni será un asunto al que darle importancia. El tiempo va y viene, casi como una hamaca, solías decir cuando aún manteníamos sueños y esperanzas, que hoy, solo son recuerdo, imágenes ajenas que revisitamos cuando la nostalgia sale electa entre un sin fin de sensaciones. Pero, aunque no lo creas, el tiempo pasó, ya nada es como era, nada me resulta más extraño, que ese joven poeta, idealista y galán que mi memoria intenta hacerme creer que fui. Pero no soy el único al cual el presente, lo golpeo al punto de la amnesia. Mirate, enfoca tus ojos a ese espejo horrible que tenés ahí y mirate por favor. Escuchate, no te reconozco, será que mi yo joven se fue con el tuyo, y quedaron estos dos personajes que nada tienen que ver con nosotros o tal vez, sean lo que siempre fuimos y nunca lo quisimos ver, quien sabe. Pero basta, basta ¡basta mierda! ¡levantate!, si te querés matar, hacelo ahora, no sigas estirando la agonía con eso, mira en lo que te convirtió, un monstruo que no puede quedarse parado, ni coordinar una oración. Tanto miedo le tenías al ser humano, que cuando supiste que vos eras uno también, comenzaste a autodestruirte, no lo comprendo, en serio no te comprendo Julio. Pero, como te voy a comprender a vos, con esa cabeza tan enroscada que siempre tuviste, si ni siquiera logro comprenderme a mí mismo, si nunca supe porque vivir, porque luchar, de no ser por vos hubiera estado en ese kiosco hasta el día de hoy, en serio te lo digo. Todo lo que tengo es gracias a vos, mi familia, mi casa, los departamentos, el auto, la educación de los chicos, de veras Julito, todo gracias a vos y a esas dos letras. En fin, me tengo que ir a una reunión, vos viste como son las cosas en año electoral. Pasaba para ver si necesitabas algo, te deje la comida y algo de plata ahí en la cocina. Aunque me da mucha pena como estás, quisiera quedarme, quisiera vivir acá con vos. En realidad, quisiera vivir como vos, siempre quise ser como vos ¿sabes? Eras el que hacia reír a todos, el que traía mujeres, el que siempre tenía una idea nueva para el partido, el primero en darle tu ropa a un necesitado, siempre quise tener tu coraje y tu honestidad. El hombre que aún estaba tirado en el piso, levantó la mirada por primera vez en la tarde. Cuando el otro comenzó a hablar nuevamente. Siempre quise ser como vos repitió, pero como me di cuenta que eso no se iba a dar jamás, y la puerta se cerró dejando a las palabras golpeando contra las paredes y desasiéndose en simples letras sin sentido.

martes, 14 de junio de 2011

La plaza

Quería creerle, lo necesitaba. Pero algo en su interior lo impedía. Ese miedo a caer nuevamente, a bajar por ese abismo sin fin, a ingresar una vez más en ese círculo infinito. Entonces llegó el recuerdo de aquella tarde, en la que nada volvió a ser igual. En la que la mentira cubrió la realidad y la golpeó en la cara sin ningún tipo de anestesia ni aviso previo.
Eso, eso le impedía creer y le negaba el ticket de entrada. La fría brisa comenzaba a sentirse y una hoja amarillenta, acarició su hombro izquierdo, mientras las lagrimas caían de sus tímidos ojos. Aún se oía esa voz, grave y penetrante, que años atrás la había engatusado con historias, con bellas palabras estratégicamente ordenadas para captar su atención, pero también para dejarla caer en el mundo de los sueños, en esas tardes en las que la lluvia golpeaba los techos y el gris piazzollesco gobernaba la ciudad.
Debía comunicar su decisión y acabar con esto de una buena vez, si, terminar estas idas y vueltas. Pero, ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo dejar atrás tantos años? Tantos momentos, tantas miradas, tantas sonrisas, tantas palabras. Si alguien sabía como hacerlo, que se acercara y le dijera, pensó. Otra hoja se posó en su hombro, o tal vez sería una pluma, quien sabe. Su mirada perdida, tenía restringido subir hacia sus ojos, y él lo notaba y aprovechaba, imponiendo su mirada sobre los ojos de ella, dejándola sin la posibilidad de mirar a otro lado.
Su mente iba y volvía, a lo largo de su caminata a esta la plaza, esa plaza tan plagada de recuerdos. Porque, hay plazas llenas de árboles, plazas llenas de juegos para niños, plazas, tal vez, llenas de cemento y mesas para jugar al ajedrez y hay plazas llenas de recuerdos. Ésta, al menos ella la reconocía así, era una plaza llena de recuerdos. Cada flor, cada pasto, cada hoja, de cada rama, de cada árbol, tenía su pequeño espacio en el cajón de los recuerdos de su mente. Ya que, se había encargado de prestar detenida atención a cada objeto, cada mínimo y pequeño detalle, para que, cuando se sintiera sola o aburrida, poder recrearla de manera perfecta. Y así lo hacía, cada tarde y cada noche. Nunca la recordaba durante la mañana, podría ser porque nunca habían ido antes del mediodía o porque los recuerdos flotan a partir del crepúsculo y hasta el amanecer.
Abrió los ojos, ya no había hojas en los árboles, era invierno y el frío acariciaba los huesos. Se puso de pie, mirando al banco. A ese banco que, tantas veces, la había acompañado sin decir ni una palabra, ni dejar sentar a otra persona a su lado.

jueves, 2 de junio de 2011

Ahogado

Un grito sordo
Ahogado entre paredes de agua
Que se sobreponen
Y levantan imponentes

Lo devoran
Dejándolo, al fin, sin escapatoria
Las luces se apagan
Llevándose todo lo bello con ellas

Ya no posee sus manos
Ni se encuentra atado a sus piernas
No le quedan músculos ni huesos
La cabeza no existe, sus ideas ni hablar
 
Tan solo lo abraza
De la forma más cálida que jamás lo abrazaron
Su inseparable alma

martes, 31 de mayo de 2011

Señor Sicosqui, por favor presentarse cuanto antes a informes

"Señor Sicosqui, por favor presentarse cuanto antes a informes" sentenció la voz, resonando en todo el predio. "`Por favor, Señor Sicosqui presentarse con urgencia a informes" Insistió.
Mientras tanto, en algun lugar de la sala, una mano se paseaba en los bolsillos de alguien. Todavía tenía tiempo hasta que se acercaran a el, no prosederían tan rápido, por otro lado,también debían encontrarlo, le sobraban los minutos. "¿Señor lo puedo ayudar en algo?" Las voces se sobreponían, pero él, fiel a si mismo mantenía la calma. "Le agradezco, por ahora sólo estoy mirando". Caminó hacia el pasillo y estratégicamente ingreso en el baño. Cuando salió, el panorama era el mismo, continuaba la voz sonando en los altoparlantes y la gente seguía circulando en su mundo mirando la nada en un objeto. Los segundos corrían, pero él, él caminaba lenta y suavemente sin destino, ni rumbo, solo caminaba.
Otra voz se dirigió a él, "Parece perdido señor, ¿Lo puedo ayudar?" La voz pareció sospechosa, o al menos, su tono. Lo miró, llevaba un elegante traje, lo cual le llevó a pensar que formaba parte del personal de seguridad. "Señor, ¿le puedo ayudar?" continuó el hombre. "Le agradezco, solo buscaba a mi esposa, debe estar por aquí" contestó resignado luego de varios segundos. El hombre de seguridad, con una mueca que pareció de descepción prosiguió "Acompáñeme, hay un puesto de informes a unos pocos metros". Que ingenuo, hubiera sido útil buscar a su amada esposa, pero años atrás, hoy en ese contexto no tenía ningún tipo de sentido, "Le agradezco, pero es más divertido de esta manera. Siempre nos perdemos sin saber como, ni cuando, solo sabiendo que nos volveremos a encontrar en algún momento. Gracias por su ayuda" Unos pasos más tardes, sonrió al voltear y ver la desconsertante expresión del hombre de seguridad, probablemente hubiera esperado miles de respuestas antes que esa, por suerte aún conservaba su gran habilidad para salirse de ese tipo de situaciones.
Comenzó a denotarse un cierto malestar, las radios sonaban más que nunca y los hombres con sus trajes elegantes, corrían al ritmo de una coreografía totalmente arítmica. Decidió acabar con el asunto, caminó, directo hacia la salida. Aminoró la marcha frente a una isla de informes, pero aún así dirigió sus pasos hasta el destino final. La salida. "Señor Sicosqui, este es el último llamado, por favor presentese en informes" la voz ya no sonaba amable y cordial, sino imperativa y aireosa.
Cruzó la puerta. Por fin libre pensó. Encendió un cigarrillo y caminó rumbo a su auto. Las personas, lo insultaban, no entendió con que motivo. Introdujo la llave en la puerta e ingresó. La gente, como en toda su tarde, continuaba alterada. Mientras arrancaba el auto, oía más y más insultos y bocinas, todos dirigidos a él. Aceleró, nuevamente sin rumbo y dejó que los murmullos se acallaran, junto con la voz que dejó de sentenciar "Señor sicosqui, por favor presentarse cuanto antes a informes".

lunes, 30 de mayo de 2011

Cantar del mio Syd (A Syd Barret)

Una simple sustancia fue el pasaje
A ese eterno viaje
que lo llevara por el universo

Lunas de saturno
Flautistas matutinos
Fuentes de secretos
Oscuridad

Alma errante
Espíritu indestructible
Mente iluminada
Solitario diamante

En el medio de la nada
O el medio de un todo, su mundo
Su viaje acabó
Como una estrella que rápidamente pasa
Y marca todas las almas con su luz

domingo, 29 de mayo de 2011

Memorias de viaje

Una niña danza sobre las rocas
Ofreciéndose al mar
A las voces que la llaman
Y a esas explociones de espuma y sal

Tus ojos me miran, siento tu voz
Ni el océano se atreve a rozarnos
Solo el viento nos choca y penetra
Congelando cada uno de nuestros músculos

La luz, a lo lejos, es humana
No los sonidos
No la arena
No la inocente gaviota

Deseo ser ella, sin dejar de ser yo
Deseo sus dones, los envidio
Los quiero para mi
Aunque solo sea, para saber como se siente.

domingo, 22 de mayo de 2011

Álbum de protagonistas ajenos I (Basado en El Lado Oscuro de La Luna)

1.
Un grito te lleva a la cima
Y estalla.

2.
Te sentís flotando en la más cálida atmósfera
Volando entre tantas nubes
Arrastrado por el aire
Que entra y sale de tu cuerpo.

3.
Dejándote llevar por los pasos
Constantes, apurados
No frenan, continúan y con ellos
Los murmullos
De gente que viene y va

4.
Otra explosión, es la hora
O, al menos, eso marcan las agujas
Personajes que decoran tu tiempo
Y te atan a su ritmo.

Momentos que vuelven a tu mente
Como un álbum de protagonistas ajenos
En la que fuiste el actor principal
Pero
Ya no son tuyos, se han ido.

5.
El punto final se acerca
Temor, frío, miedo
Te acompañan en el camino
Llantos, vacío, soledad

No hay donde esconderse
El miedo llego y el tiempo
                    Ya no está

6.
Te dejás dominar
Por lo tangible y distante
Y sin saberlo, sos una máquina
Una asquerosa máquina de codicia
Aplastando cabezas de egocentrismo
Sin fin, ni limite
Ni amor, ni ojos para ver a tu alrededor.

Álbum de protagonistas ajenos II (Basado en El Lado Oscuro de La Luna)

7.
La inocencia define todo ese amor
Que tu sonrisa transmite
Mientras tus palabras
Decoran y abrazan el aire

Son ellos,
Somos nosotros
Quienes lo vemos y sin verlo
Corrompemos.

La oscuridad azul de la noche
Llegó para quedarse
Y definir quien es quien
Vos sos yo,
Yo
Soy alguien más

8.
Hay lugar aquí
Para todos
Formemos un nuevo arcoiris
Pero siete no bastan
Nunca bastan, siempre serán pocos
Aún así, ¿Cuál vas a llevar?
Aunque siempre sean pocos.

9.
Verás más allá, percibiendo todo como es
Lleno de vida y belleza
Color, sentido y algo más
Por cierto, eso es la locura
La hermosa y mal llamada locura.

Y nadie te oye, ni ve
Y es tu habitación tu reino
Y tu mente tu llave
Hacia ese mundo tan ignorado

10.
Ya no hay palabras, no queda nada más
Nada que decir, ni agregar
Pasado, futuro y presente
Se unen hoy.

miércoles, 18 de mayo de 2011

2

Soy el que pasa inadvertido
La voz del viento
Soy el que toca tu hombro
Soy la noche, soy el aire

Soy un extraño, aunque no soy
O tal vez si, no lo se
Pasan las horas y la gente
Y aquí estoy, no me ven

Algo te acecha, te observa
Tu corazón se agita
Soy yo, el que no es
O tal vez si.

martes, 17 de mayo de 2011

A la luna.

Quiero alcanzar esa luz
Que me desvela rutinariamente
Quisiera alcanzarte
Y hacerme uno con vos

No te cubras la cara
No dejes que el pudor te domine
Dejemonos llevar
Que la noche es larga

Tu rostro se ruboriza, en el comienzo
Luego, con el correr de las horas
Mira con sobervia y palidez
Contemplando tu reflejo, allí debajo
Siempre inquieto y frezco
Siempre hermoso y expontaneo.

martes, 10 de mayo de 2011

Diario de un suicida.

Camino sin rumbo en mi propia celda
Inhalando para mantener la vigilia
Exhalando para sentirme vivo

Aunque, al fin
Este muerto por dentro
Aislado de la máquina

El plomo me llama
Me incita a concluir
Este sin sentido de caminos sin rumbos
Me lleva, al fin.

viernes, 6 de mayo de 2011

Paredes que lloran
Recuerdos de un pasado presente
Teñidos de dolor y miedo
Reinados por el terror

Rojo, NO
Nada de eso, dice una voz al pasar
Cabellos son el pasto de esta década
Botas golpean con odio el suelo
                                                /nuestro suelo.

jueves, 5 de mayo de 2011

Miradas

Dos miradas se cruzan en la sala
La gente va y viene, nadie se percata
Y asi se comunican estas almas
Desconocidas entre si

Pero
Ya no hay gente
Ni manos
Ni bocas
Ni ojos

Solo estas miradas, que se abstraen más y más
Que se buscan y se encuentran
Que se funden y confunden
Haciéndose uno.

domingo, 1 de mayo de 2011

Tiempo

Cuando a mi cuerpo se le acabe el tiempo
Y mi alma
Quede errando por los confines del mundo
Será mi ser, quien continúe vivo
En cuanto estas palabras sean leídas
Estas ideas y frases
Me llevaran a la inmortalidad
Por los siglos y milenios que al universo le restan.

sábado, 30 de abril de 2011

7:05 de la mañana y el despertador suena hace varios minutos. La resaca la obliga a apagarlo, mientras mira la hora en su reloj. Vuelve a relojear, son las 8:23, y llega tarde al trabajo. Salta de la cama y sin escalas se mete en la ducha. El microondas, relleno de una taza con café, es quien grita ahora, mientras las tostadas se queman y los zapatos suenan de aquí para allá de fondo. Las ojeras, ya están a punto de tocar sus pómulos, pero nada importa, solo que son las 9 en punto y ella aún no ha salido de su departamento en Ángel Gallardo y Avenida Corrientes, ya es la cuarta vez en este mes, su jefe dijo que no seguiría tolerando este comportamiento. No, otra vez pateando la calle no, se dice mientras busca monedas en la mesa, pero sin ninguna suerte, solo un billete de 20. Agarra las llaves y sale, aunque olvida su celular, y entre rezongos y puteadas, entra a buscarlo. La puerta se cierra detrás de ella, que está próxima a entrar en el ascensor. Saluda al portero, él, como de costumbre contesta amablemente, y queda hipnotizado con su culo.  Por suerte la entrada al subte se encuentra a pocos metros, serán solo 15 minutos hasta florida, 16 o 17 hasta las malas caras y gritos de su jefe, 25 hasta volver a estar en la calle. Se detiene para prender un cigarrillo, aunque sabe que en unos pasos, lo tendrá que apagar y para ese entonces, no habrá dado ni cuatro pitadas. Observa el cartel, la línea “B” funciona normalmente, y en eso siente un embate, su cigarrillo recién encendido cae al suelo y un hombre pasa apurado por delante de ella, sin esbozar un “perdón” ni nada que se le parezca. Mira con decepción y continúa su trayecto hacia el tren. En la escalera, baja la mirada y si, es lo que ella creía, una moneda de un peso, año 2010, con la figura de su ciudad natal, el calafate, que buenos tiempos, piensa, mientras se acerca a un hombre, que con sorpresa escucha: “Disculpa, me faltan diez centavos para viajar, no te sobran?”, el hombre sale de su desconcierto y mete la mano en su bolsillo, y con una sonrisa le entrega la moneda, ella agradece y continua su rumbo. Compra su viaje, a las “siempre tan amables personas que los venden” y pasa por el molinete. Trenes cada 4 minutos, anuncia la televisión, son las 9 y 13, el tiempo ya no le importa. La muchacha, recuerda al hombre de la moneda, sonríe. Escucha que el tren se acerca, camina hacia donde supone, se ubicará la puerta más cercana. Lee un cartel "prohibido caminar sobre las vías", predica. Ríe. La línea “B” suspendida durante horas, un accidente fatal acusan los alto parlantes.

miércoles, 27 de abril de 2011

Rutina.

Y una vez más la almohada
Una vez más el espacio vacío
Una vez más, esta resaca de soledad
Una vez más, el silencio

Siempre esperando que la esquina sea mejor
Que la incasualidad me ayude
La ciudad gris y ventosa, no ayuda
No hay alcohol, no hay amigos, no hay nada


¿Cuántas noches mas, de esperar a alguien que no existe?
A ese alter ego, traicionero
¿Cuántas horas, discos y cigarrillos pasaran?

martes, 26 de abril de 2011

2012

¿Y si sólo fuera una farsa?
Una ilusión burguesa
Que nos mantiene esperando
Contentos, porque el cambio si acerca.

¿Si fuesen habladurías, puestas en las manos Mayas?
Justificando el caos y dopando la rebelión
Cuantos sonreirían por el macabro plan
Y cuantos, cambiaríamos esperanzas, por dolor e indignación

El escepticismo, planta esta idea
Trae la reflexión y la intriga, de cuán triste sería
Si el 21 de diciembre de 2012
Fuese un amanecer más.

lunes, 25 de abril de 2011

¿Qué hacer cuando la imaginación supera a la realidad
Y el tiempo y espacio te traicionan?
Esperar es la primer respuesta, correr la segunda, pero no
Correr no es bueno, mejor esperar.

Esperar que las cosas se resuelvan por si solas, mientras espero
Espero abrazado a la melancolía de un mediodía de abril en el que mi cuerpo
Solo añora unas gotas de whisky y a esa muchacha que por mi mente pasea
Sin saber si en realidad sus manos son tangibles y sus ojos reales

Mejor la duda, mejor la espera, esperar es bueno
Ayuda a replantearse las cosas, por raro que a uno le parezca
Esperar que el tiempo y espacio ayuden, esperar que la imaginación se vuelva realidad
En fin, esperar...

domingo, 24 de abril de 2011

Libros.

Ideas y palabras, cuidadosamente seleccionadas
Plasmadas sobre hojas, ya amarillentas
Aguardan entre olvido y polvo
                                       Esperan

¿Cuánto esperan?
Días, meses, años, tal vez hasta el ultimo día
¿Que esperan?
Ser la elección de una dichosa mano
Que los rescate del olvido.

Delirios.

Allá donde verde y celeste son uno
Donde el sol se pone y el viento susurra en tus oídos
Allá es a donde voy

Quien quiera ver las nubes bailar con la dulce brisa
¡Acompáñeme!
Quien quiera ver un caballo sonreír
Acompáñeme a esas colinas

El árbol, dice vida
Mientras sus hojas se acarician entre si
En sus ramas, reposan los pájaros
Y luego...
                Se hacen uno con el sol.

Cartas perdidas.

Solo te cruzo unos segundo y ya te vas
Aunque, cuando no te das cuenta, me cuelo entre tus cielos
Para contemplar tus rayos, tu luz, tu calor
En fin, para contemplarte

Faltan decadas para que vuelvas a posarte cerca de mi
Pero aun asi, cada noche siento tu mirada, y me ilumina
Por momentos, me vuelvo naranja, porque tu amor vale oro
Por momentos palida, pierdo la vida pensando en verte

Ya ni las estrellas, me cuentan de tu vida
Nadie me soporta, despues de tantos años
Pero, que le voy a hacer, si cuando vos llegabas
Aquella noche de mares calmos, yo me iba con mi lucero

9 de Julio y Corrientes
Uruguayos, pueblan el obelisco
Confunden mi mente
¿ Habré cruzado el charco?

El 29, a fuego lento
Me lleva a destino
Muestra el cabildo
Y su escrachoso deterioro

El cielo gris y celeste, comienza a apagarse

Trajes, corbatas, camisas y maletines
Desfilan por las calles de la ciudad

Buenos Aires otra vez, Bolivar y Belgrano
San Telmo, hermoso San Telmo
Y esos héroes Sudamericanos
Ya quedaron atras.

Palabras sueltas

Llueve, en esta noche tranquila
Las gotas acompañan la melancolía
Las gotas me empapan
Pero el sentimiento no se va

Malestar interior, por quien sabe que
Tom parece entender
Que extraño
El entiende
                /yo no.