Corría el año 1956 en la ciudad de Buenos Aires. La argentina Peronista había caído hacía no muchos meses y esto generaba un tufillo reaccionario. Fue en marzo de ese año, que los choferes de colectivo (colectiveros, bondieros, bondiman) se vieron al espejo y dijeron, nos están estafando che. Reclamaron aumentos, hicieron paros, pero el único desencadenante que estas medidas trajeron, fue la represión. Cada vez que dos ómnibus llegaban juntos a un semáforo o a un vigilante que dirigía el tránsito (sin ser necesario que fueran de la misma línea) los respectivos manejantes, enviolentados, indignados y casi al borde del llanto histérico y gritón: “¡NO PUEDE SER QUE COBREMOS LO MISMO QUE UN MOZO DE 6 HORAS DE POMPEYA!” o “ESTA MANGA DE OTARIOS SE CREE QUE ES FÁCIL CORTAR BOLETOS, COBRAR Y MANEJAR EN ESTA CIUDAD QUE ES UN CAOS, SI SEÑORA A USTED TAMBIÉN LE DIJE OTARIO, NO SEÑOR ESTA NO ES CANNING, SI SEÑORA LA CASA ROSADA ESTA EN FRENTE AL CABILDO Y SI, ES ROSA” , fue entonces, solo entonces, no antes ni después de ese preciso momento, en esa precisa esquina de Rivadavia y Muñiz, cuando un 86 y un 55 se detuvieron uno al lado del otro, detrás de la senda peatonal como Dios y Aramburu mandan. Segundos después de el silbatazo y la manito levantada del policía que significaba “extirparte por completo del derecho de avanzar y de hacerlo, lo harás sobre mi cadáver”, sin terminar de correr la ventanilla, el chofer que se dirigía a González Catán dijo, “¿Sabes cuál es la diferencia entre un mozo y nosotros? (Y como si hablara solo, sin esperar respuesta de otro ente ser humano que no fuera el mismo contestó de inmediato) ellos tienen su mugrosa propina” y arrancó, nuevamente como si hubiera hablado solo, lo que nunca supo o por lo menos ese día (ni el siguiente, ni el que vino después, ni el otro, ni siquiera el que siguió a ese otro, tampoco la semana siguiente al mes que ya había pasado) no se dio por enterado, fue que el otro si lo había escuchado y prestó tanta atención que apenas llegó a la central comunicó a sus compañeros bondimen (como se los llamaba por esas épocas) la fantástica idea que tuvo el compañero de la línea 86 que nunca se percató de haber conversado con el de la línea 55, “Tenemos que empezar a pedir propina muchachos, eso, propina” Se levantó uno, gordo con carita de ser el dador de equilibrio a Roberto Carlos clamando “Yo no le voy a pedir limosna a nadie” El pueblo lo aclamó, o así pareció sentirse cuando sonrió después de la ovación de sus 8 compañeros. “Nadie habló de limosna, che. La propina los mozos no la piden, la gente está acostumbrada a darla, entonces, hay que crear una costumbre, una tradición” dijo el otro que no había sido registrado ratos antes. “¿Y cómo hacemos ponemos cartelitos de “Por favor, deje su propina no sea hijo de puta”?
Fue con esta gravísima incertidumbre con la que, el chofer de la línea 55 que había no sido registrado por el de la línea 86 que si había sido registrado por alguno de sus pasajeros, volvió a su hogar y fue solo cuando le comunicó el tormento a su mujer, que tuvo ahora si una idea salida de su propia imaginación: “¡Ya está! La costumbre la vamos a generar mediante la imitación. Así como Alberdi quiso traer extranjeros educados y capacitados para que el pueblo argentino aprenda de ellos por apegamiento (nunca supo ni cuando había leído las bases de Alberdi, escuchado hablar sobre ellas o al menos, desde cuando sabía que existió alguien llamado Juan Bautista Alberdi y que ese hombre tuvo el “Tupé” de escribir unas bases)” la esposa del bondiman (que a partir de ahora será llamada Aurelia, no por gusto personal, sino porque ese era su verdadero nombre) , el cual no habían registrado su presencia horas antes, mirándolo estupefacta levantó una ceja y dijo “¿Y quién te pensá vos que puede ser tan boludos de dartes propina por amor a Dió?” Y fue entonces, y solo en ese entonces cumbre entre todos los entonces habidos hasta entonces, cuando el bondiman sonrió y dijo “Vos Aurelia, vos y todas las familias de los bondimen, cada vez que lleguen al final de un recorrido le darán propina al colectivero, sea o no familiar tuyo. De esta manera, la gente lo verá y no por placer, ni por solidaridá, sino para no quedar como una verdadera rata, empezará a darnos propina a los bondimen que tanto nos lo merecemo”
Y fue así, como los familiares de los bondimen o choferes, comenzaron a viajar todo el día en colectivo, solo para llegar al final del recorrido y darle su respectiva propina al chofer. Y de a poco, de uno, tímidamente, las personas ajenas a esta empresa macabra y maquiavélica, comenzaban a adherirse a la campaña de propina. Los choferes, ya no charlaban en las veredas para otra cosa que no fuera saber cómo había salido el equipo del otro el domingo, o si se iban los militares o esas cosas cotidianas y del día a día de esos años. Sonreían a cada persona que subía a su coche, sabiendo que a mayor sonrisa, mayor propina en caso de que fuera hasta el final del recorrido, todo sumaba y ayudaba a que los colectiveros sean más ambiciosos. Y esta ambición, se vio directamente reflejada en la aparición de nuevos trayectos, cada vez más cortos. El 29 de Noviembre del mismo año, se registró un recorrido de la línea 152 que fue desde casa de Gobierno hasta Retiro. Podía percibirse un malestar entre los usuarios (y no por haber sido omitidos del protagonismo de esta historia) de ahora en más todo podía ser motivo de revuelta, los tiempos de gloria para los bondiman habían llegado a su fin.
Y no se necesito más que un día para que este presentimiento se hiciera realidad, el 30 de noviembre en uno de eso viajes insólitos, los pasajeros ya irritados por el calor y el colectivo lleno, estallaron como cañita voladora. en este caso se dice de un 24 que comenzó su recorrido en el Obelisco y lo terminó en plaza de mayo, un hombre de unos 50 años con galera, se paró sobre un triciclo pedido a un niño, previa autorización de la madre por supuesto si vamos a hacer las cosas, las hacemos como Dios manda, che. Llamó a la gente. Gritaba, por favor juntémonos aquí, por favor es un tema importante. Lo miraban extraño, otro golpe militar no, por favor, pensaba la mayoría. En eso, un muchachito que había compartido el mini- trayecto con el hombre de la galera, un alfeñique que no pasaría los veinte años, le arrebato el triciclo, la galera y de paso un rubio y comenzó. ¡¿Cómo que me tengo que tomar tres colectivos, con suerte, para llegar de once a constitución?! Sí, usted escuchó bien señora, tres colectivos. Con los compañeros (la palabra compañero siempre surtía efecto en estas ocaciones) de aquí a mi izquierda, dicho sea de paso disculpe el golpe caballero, acabamos de presenciar un recorrido desde el obelisco, hasta aquí mismo, ¡el tranvía de diagonal norte! Ya no eran sólo los pasajeros indignados, estafados y malhumorados, al punto de poder prender fuego a un pobre vendedor de “pavaditas” que sin saberlo, estaba en medio de un momento cumbre de la historia argentina y de la relación pasajero-colectivero. No podemos continuar aguantado estas bravuconadas de parte de estos bondiman, ¡buitres, carroñeros y cornudos! La plaza ya estaba por lo menos, en un 1/32 de su capacidad y algunos chismosos que caminaban por los alrededores, comenzaron a cortar la calle prendiendo fuego cubiertas que encontraron dentro del cabildo previamente profanado, al grito de: “Yuta devolveme al General”. Sí, la revuelta de pasajeros se había desvirtuado, pero en un pensamiento rápido y Maquiavélico el muchacho gritó, ¡todos contra el 29! Y así fue como, chismosos, proto-piqueteros, pasajeros indignados, estafados y malhumorados y un montón de otras gentes que ni idea tenían de lo que estaba sucediendo, ni de porque estaban a punto de bajar a un colectivero de su transporte para colgarlo en la plaza, unieron fuerzas para quemar cuanto transporte público de personas de cuatro ruedas se les cruzara. Y así fue, durante 2 días se quemaron más de 35 colectivos, 5 taxis (aún no se a develado el móvil que llevó a este incidente menor) y 3 vagones de subte.
Fue entonces, cuando, sin recibir respuesta del gobierno, ni de parte de los colectiveros, que ahora comenzaban y terminaban sus recorridos cada dos cuadras, en modo de, “No nos vamos a amedrentar y si tenemos que golpear a cada pasajero con un las monedas de su vuelto para sacarle una chirola, lo haremos sin ningún tipo de problema”, los pasajeros indignados, estafados y malhumorados, que ahora se había reproducido de forma altamente peligrosa para los bondiman, decidieron reunirse, nuevamente en la famosa plaza frente al cabildo, la catedral y la municipalidad, para debatir que hacer.
De tal debate se desprendieron las siguientes opciones:
a. Seguir con la toma de colectivos y fogatas de los mismo, sin desconsiderar la idea de colgar a los choferes y/o usuarios que se interpusieran entre el objetivo del FAMUCI (Frente Argentino Marxista de Usuarios de Colectivos Indignados).
b. Como los colectiveros reclamaban su propina en el final del recorrido, comenzar a bajar una parada antes del final del mismo. En el caso de que sigan los recorridos fugaces (no fugazzeta) realizar un paro hasta que se normalice el servicio.
Estas fueron las dos salidas más votadas por los activistas de la plaza de ese 33 de noviembre. Como había más de 500 personas en aquel espacio (¿verde?) público, se tomó la decisión de llevar las dos opciones a un comicio libre, a realizarse al día siguiente a la misma hora, en el mismo lugar. Mientras tanto, debía quedar en veda cualquier tipo de acción a favor de cualquiera de las dos opciones, hasta el día siguiente cuando se supiera la ganadora, los protestantes no se harían cargo de los disturbios generados y lo dejarían en manos de la justicia, es decir, librado al azar. El nivel delictivo contra los colectivos, bajo a casi 0 en lo que restó de esa tarde y lo que duró la noche siguiente.
Ese 3 de diciembre, fue un día muy esperado y luego de varias horas de expectativa y bombos y banderas a favor de una u otra propuesta, finalmente triunfo la opción B (Para más información volver a la sección donde se especifican las posibles salidas ante el problema). Se dispuso un cese a las armas (en este caso bombas molotov, encendedores, fósforos, asados), un paro de dos días en un principio o hasta que se normalizara el servicio y por último, los pasajeros que no estuvieran dispuestos a abonar la famosa propina, estarían en todo su derecho a bajar una parada antes del final del recorrido o en caso contrario abonar lo que corresponde. Con respecto a la otra medida, no se opto por utilizarla bajo ningún punto de vista debido al amplio margen de 789 votos a favor de la opción B, contra 16 de la opción A (entre ellos, 2 no videntes, un niño de 4 años y el resto militantes del FAMUCI), en caso de que se pusieran en práctica acciones relacionadas a la propuesta A, los usuarios que optaron por la B no se harían responsables y no solo eso, sino que también estarían dispuestos a unirse a favor de los bondimen para pisotear hasta la muerte al FAMUCI. Todo esto, fue comunicado por escrito a la ACA (Asociación de colectiveros Argentinos).
En fin, así fue como a partir de ese 3 de diciembre de 1956 los usuarios de colectivos se unieron en una causa común y nunca más viajaron hasta el final del recorrido.