La fiesta
La música se escuchaba de varias cuadras a la redonda. Golpeó una puerta. Primero ingreso la altanería, luego la soberbia y por último él, Álvaro Mansilla. La gente volteaba sus cabezas para sonreírle pero, él, se mantenía inmutable, ni un solo músculo de su cara siquiera atinaba a realizar un minúsculo movimiento. Álvaro caminó hacia la barra "Dame dos whiskeys dobles, escoceses, del más caro que tengas", tomó uno con cada mano y se alejó. Ingresó en un pasillo, contó varias puertas, hasta detenerse delante de una, por intuición tal vez. Bebió de un sorbo el primer vaso y golpeó. "Adelante" dijo una voz gruesa, haciendo temblar un florero que estaba a la izquierda de Lucio. Tragó el segundo vaso y poso su mano sobre el picaporte y lentamente lo giró.
La habitación
"¿Tiene lo nuestro Masilla?" preguntó el hombre que estaba sentado a la derecha de la puerta. "Me insulta Gómez Tulio, me insulta". "Solo quería asegurarme que sigue siendo el mismo". Álvaro abrió su sobretodo y sacó un sobre de papel madera de su interior, iba a apoyarlo en el escritorio que tenía delante, pero prefirió retenerlo, "¿Tienen lo que acordamos, verdad Gómez Tulio?". El hombre replicó, "Es usted quien nos insulta ahora Mansilla, por supuesto que lo tenemos, ¿Cuándo hemos faltado a nuestro acuerdo?" Preguntó sin esperar respuesta y mostró un maletín negro entre sus piernas. "Tome asiento" dijo de repente la misma voz gruesa. Una figura alta y ancha salió de entre las sombras y el humo del tabaco. Rodeó a Mansilla que acababa de sentarse. Posó las manos sobre sus hombros y segundos más tarde dijo “déjeme ver el paquete viejo amigo”, Mansilla lo entregó sin emitir un sonido.
El paquete
"Justo lo que buscábamos, siempre tan cumplidor y eficaz Mansilla", dijo el hombre gordo mientras largaba el humo de un cigarrillo importado. "El problema está, en que estas fotos comprometen a mucha gente, usted lo sabe, entre ellas gente allegada a mí” otra vez se llamó al silencio. “Ahora, queda un dilema, si lo hizo por respeto a mí y a mi familia o por el dinero". Mansilla iba a contestar, cuando el hombre continuó hablando "En realidad, no le voy a mentir, estas fotos me incriminan y presiento por el sudor que baja por su cuello, usted no sabía de mi presencia en la habitación esta noche".
La canción
Dio una pitada del tabaco, esos segundos fueron eternos para Mansilla, y volvió a violar el frágil silencio con su voz de ultratumba "¿Me puede hacer un favor?". Mansilla, ya no era el mismo, la altanería y soberbia se habían transformado en nerviosismo y miedo "Si" contestó tembloroso. El hombre miró a Gomez Tulio y sonrió, luego comenzó a tararear una canción, una canción que mansilla conocía muy bien, la había escuchado minutos antes en su auto. "Miles Davis, 1959, All Blues". Mientras asentía, el hombre exclamó un "ah" tan largo como sus silencios interminables, "Pero que idiota, muchas gracias, le ha quitado a un viejo una duda de varios días. ¿Quiere escucharla?". Mansilla pareció meditar su respuesta, aunque todos en la habitación conocían su respuesta, "Por favor, eso no se pregunta" contestó ahora más calmado.
Durante 11:30 minutos lo único que se escucho en la habitación, fue el sonido del tocadiscos, en los últimos segundos de la canción, sonó también el gemido de un silenciador.