domingo, 16 de octubre de 2011

¿Domingo?

Despertose esa mañana, con los típicos síntomas de un domingo por la mañana o tal vez fuera sábado, quien sabe podría ser cualquier día de la semana. De lo único que estaba seguro, era de que era por la mañana. La boca seca, nauseas, una desconocida a su lado y por último su guitarra tirada en el piso. Intentó levantarse con movimientos sutiles, casi imperceptibles pero el sentimiento de que su estomago era invadido por un grupo de skinheads cocainómanos, no solo lo dejo mas acostado que antes, si no que ahora también se quejaba. La mujer a su lado, desconocida aún abrió los ojos, casi como sin querer hacerlo. Giró la cabeza hacia el costado donde él estaba, quejumbroso por el movimiento y nuevamente abrió sus hermosos ojos verdes, pero esta vez pareció como si estos quisieran escapar. Le sonrió como si esto fuera natural y luego, al ver el desconcierto de su acompañante matutino, explicó la situación. El extraño de tez morena y rulos, olvidó su malestar al sentir la amabilidad y oír la dulce voz de la muchacha. Estaba a punto de besarla, cuando su corazón se estremeció y la puerta gimió por los golpes que recibía. El muchacho la miró, como esperando un movimiento o una frase, tal vez fuese su novio, enfurecido por haberse quedado afuera o su padre, podía ser menor, podía ser cualquier cosa, podía ser la policía enviada por su padre, quien sabe. En vez de palabras, ella emitió la misma mirada de desconcierto y luego dijo "Esta no es mi casa, pensé que era la tuya". La confusión se adueñó del momento y quedaron en silencio durante unos segundos o tal vez minutos, hasta que se oyeron los golpes nuevamente. Esforzándose, el muchacho de tez negra y rulos logró moverse y luego incorporarse. Atinó a arroparse, pero se arrepintió sin siquiera haber comenzado con la acción. Abrió la puerta. Frente a él, se encontraba un hombre vestido con un reluciente traje blanco. Fumaba un habano y rápidamente, ingresó en la habitación y comenzó a retarlo, como si fuera un chico, elevando su tono de voz más y más hasta llegar a los insultos. En eso, salió la muchacha de ojos hermosos de la habitación. "Que pasa...?" preguntó al muchacho, pero este no tuvo tiempo de responder, porque ahora los insultos se dirigía primero a ella, luego a él y nuevamente a ella, para terminar recayendo en él. Entonces, el llanto. Su representante, agarró a la muchacha la cargó en su hombro. Abrió la puerta. Y la dejó afuera. Luego, caminó hacia la habitación, tomo su ropa, volvió a abrir la puerta y la tiró en el pasillo donde ella estaba sentada sobre la pared llorando. Luego del portazo, se volvió hacia el muchacho, mudo desde que entró, este quiso salir corriendo a buscarla, a buscar sus ojos, su sonrisa, su amabilidad, su ternura, entonces un brazo apareció en su camino y luego "es solo una más..., no vale la pena. Solo por el dinero" y repitió como si ya no se dirigiera sólo a él, sino a algo más pero que él no alcazaba a ver " solo por el dinero". El muchacho se tranquilizó, se sentó en el sillón y descanso su cabeza sobre sus manos y sus brazos sobre sus rodillas. Salieron del edificio, tomaron un taxi y se fueron. El representante, la guitarra y el muchacho de tez morena y rulos.
La radio del chofer, estaba fuerte y él podía escuchar tranquilamente mientras miraba por la ventana el paisaje de la ciudad que recién se despierta. Entre la mala señal de la estación radial y la resaca, el muchacho lograba comprender algunas pequeñas palabras de la conversación entre el chofer y su representante. "negro" "putas" "dinero" risas, "drogadicto" "homosexuales de mierda". Intentando no pensar nuevamente en la bella muchacha, se volvió hacia la ventana y un policía insultaba y desalojaba a una joven embarazada y a su pequeño niño de una esquina.  Terminaba de sonar Muddy Waters, cuando el dj de la radio, comenzó a hablar. Vietnam a las muertes de soldados, se suma la represión de los manifestantes en su contra, por otro lado, nuevamente desalojaron  homosexuales de varios bares de San Francisco. Linda mañana de domingo, comentaba el conductor entre risas. Así estuvo hasta que llegaron al estudio. La guitarra, el representante y el muchacho de tez morena y rulos, bajaron del auto.
Con su corazón lleno de incertidumbre e impotencia, entró al estudio de grabación grabar. Faltaban algunas canciones y ese era el día de una sobre la cual, el muchacho había hablado con mucho entusiasmo, casi como si no fuera suya. Pero no sería un día más, no. Entusiasmo que  había desaparecido y a cambio, dejado un sabor a venganza en su reseca boca. Ese día, devolvería todo el odio recibido, de la peor forma. Ese día, fue grabada Little Wing. Ese día Jimmy Hendrix, dejó de tocar su guitarra cuando iban 2 minutos y 24 segundos, dejando que la canción solo se concluyera en su mente. 

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