sábado, 30 de abril de 2011

7:05 de la mañana y el despertador suena hace varios minutos. La resaca la obliga a apagarlo, mientras mira la hora en su reloj. Vuelve a relojear, son las 8:23, y llega tarde al trabajo. Salta de la cama y sin escalas se mete en la ducha. El microondas, relleno de una taza con café, es quien grita ahora, mientras las tostadas se queman y los zapatos suenan de aquí para allá de fondo. Las ojeras, ya están a punto de tocar sus pómulos, pero nada importa, solo que son las 9 en punto y ella aún no ha salido de su departamento en Ángel Gallardo y Avenida Corrientes, ya es la cuarta vez en este mes, su jefe dijo que no seguiría tolerando este comportamiento. No, otra vez pateando la calle no, se dice mientras busca monedas en la mesa, pero sin ninguna suerte, solo un billete de 20. Agarra las llaves y sale, aunque olvida su celular, y entre rezongos y puteadas, entra a buscarlo. La puerta se cierra detrás de ella, que está próxima a entrar en el ascensor. Saluda al portero, él, como de costumbre contesta amablemente, y queda hipnotizado con su culo.  Por suerte la entrada al subte se encuentra a pocos metros, serán solo 15 minutos hasta florida, 16 o 17 hasta las malas caras y gritos de su jefe, 25 hasta volver a estar en la calle. Se detiene para prender un cigarrillo, aunque sabe que en unos pasos, lo tendrá que apagar y para ese entonces, no habrá dado ni cuatro pitadas. Observa el cartel, la línea “B” funciona normalmente, y en eso siente un embate, su cigarrillo recién encendido cae al suelo y un hombre pasa apurado por delante de ella, sin esbozar un “perdón” ni nada que se le parezca. Mira con decepción y continúa su trayecto hacia el tren. En la escalera, baja la mirada y si, es lo que ella creía, una moneda de un peso, año 2010, con la figura de su ciudad natal, el calafate, que buenos tiempos, piensa, mientras se acerca a un hombre, que con sorpresa escucha: “Disculpa, me faltan diez centavos para viajar, no te sobran?”, el hombre sale de su desconcierto y mete la mano en su bolsillo, y con una sonrisa le entrega la moneda, ella agradece y continua su rumbo. Compra su viaje, a las “siempre tan amables personas que los venden” y pasa por el molinete. Trenes cada 4 minutos, anuncia la televisión, son las 9 y 13, el tiempo ya no le importa. La muchacha, recuerda al hombre de la moneda, sonríe. Escucha que el tren se acerca, camina hacia donde supone, se ubicará la puerta más cercana. Lee un cartel "prohibido caminar sobre las vías", predica. Ríe. La línea “B” suspendida durante horas, un accidente fatal acusan los alto parlantes.

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