Besa su mejilla buscando paz. Ya pasó el susto, aunque ese grito tan mudo tan desesperante tan conocido, sigue resonando en su mente. Lo siente cerca, sabe que se encuentra ahí, aunque no lo vea, aunque ella no lo sienta, él está entre las penumbras de la habitación, vigilándolo, recordándole. Piensa en levantarse, "si se despierta se va a dar cuenta" piensa y recontrapiensa, mientras sentado hace las veces de malabarista para con su maldita mano izquierda (siempre rebelde, siempre "independiente" del resto de su cuerpo, siempre anarquista) para agarrar un cigarrillo y el encendedor. "¿Porque siempre un cigarrillo?, porque no todo el paquete? ¿Sacar uno y dejarlo? Que tipo complicado sos".
"¿Otra vez el techo? "pensó mientras miraba la hora. "No puedo dormir ni una hora seguida la puta madre". Miró a su lado y algo lo incomodaba, como si algo no estuviera en su lugar, aparte de los cigarrillos desparramados por el piso y el encendedor roto (maldita mano). Entonces, una idea lo iluminó, lo abrazó, ella estaba no estaba en la cama. La escuchó salir del baño y caminar por el pasillo, volver sobre sus pasos y luego decidirse por la cocina. "Algo anda mal, se va si avisarme y encima. Encima, aparte, duda si volver o no, se va, ya está asumilo chabón, se va". La cama tembló, y luego volvió a su lugar. "Que tipo boludo".
La mañana llegó, para variar con un calor incosebible, tan asqueroso que rechazó el mate, el café y las tostadas. Ella lo miró preocupada, pero luego siguió leyendo por decimoquinta vez ese libro que, no se sabe si le gusta mucho o si aún está intentado comprenderlo. "Otra vez vos acá, andate hijo de puta, hijo de puta, hijo de puta, no puedo ni disfrutar un domingo tranquilo que apareces acá de nuevo, ¿qué tengo que hacer para que me dejes tranquilo?". Se sirvió un vaso de agua y agarró el diario, mirando como siempre a ella, tan hermosa como todos los domingos, siempre y cuando todos los días se llamaran domingo. Encendió un cigarrillo, "es muy temprano para fumar che", no hizo caso al reproche y dio la primer pitada, casi desafiante. Puso un disco, el que tenía más a mano y volvió al sillón, ella se sentó a su lado lo besó y le murmuró algo al oído. Solo en el living, mirando el pasillo por donde iba y venía la muchacha, poniéndose el primer pantalón que encontraba y saliendo apurada mirando el reloj de la pared. "Ahora estamos solos, no la vas a seguir a ella el problema es conmigo" grita afirmando su sentimiento. "Sé que estas ahí, casi tanto como que no vas a aparecer, no se para que me gasto". Pensó en salir un rato al patio, pero los 38º a la sombra no lo terminaban de convencer. "¿Te estoy complicando no? ¿Si mi vida no es interesante que vas a hacer? te vas a tener que ir" mientras sonríe sarcásticamente, pone agua en una paba y está en el fuego.
"Definitivamente, este le encontró la vuelta para sacarme de encima" pensé, mientras miraba al cielo y quedaba al borde de la ceguera. Tome mi mochila y camine hacia la vereda, sin cerrar la puerta, la muchacha llegaba con bolsas de supermercado.
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