martes, 30 de agosto de 2011

Incomunicación


Una mezcla entre amor y odio irrumpió en sus ojos. Pero toda esa fuerza contenida, no existía frente a la fría y distante indiferencia de la mirada en cuestión. Las lágrimas rodaban colina abajo por sus mejillas, luego serían brutalmente aplastadas y recogidas por el puño de su dueño, en un intento de disimular y evitar lo que era sabido. Buscaba en su mente un pensamiento, una idea, pero una a una las descartaba, tachándolas con cruces que ya no eran tales cruces, sino equis, y esas equis, incógnitas, representaban ese momento mucho mejor que cualquier idea o pensamiento que haya caminado por los senderos de su mente.
Una suave brisa acaricio su rostro y una sonrisa se dibujo en su cara, no había rastros de la indiferencia, del amor, ni del odio, solo una mano que iba y venía, hacia arriba, luego abajo y otra vez arriba y nuevamente abajo. Levantando la cabeza encontró una expresión picaresca en ella, una expresión que conocía casi tanto, como ella los divagues de él y su manía porque lo dejen viajar sin ser molestado por una mano ni por un chasquido. Siguiendo el recorrido por ese conjunto de bellos rasgos femeninos, los labios comenzaron a moverse disparando preguntas, una tras otra, tras otra. Intentó contestar. Algo no funcionaba, las palabras no salían de su mente, un acto muy egoísta de parte de ésta que se negaba a traducir el idioma que las cuerdas vocales expulsan. Quizás, lo que buscaba comunicar a modo de respuesta, no existía en forma de palabra. No, no era eso, no existía tal respuesta.
Él ya no estaba allí, tal vez, jamás lo había estado.

martes, 23 de agosto de 2011

La sombra


Besa su mejilla buscando paz. Ya pasó el susto, aunque ese grito tan mudo tan desesperante tan conocido, sigue resonando en su mente. Lo siente cerca, sabe que se encuentra ahí, aunque no lo vea, aunque ella no lo sienta, él está entre las penumbras de la habitación, vigilándolo, recordándole. Piensa en levantarse, "si se despierta se va a dar cuenta" piensa y recontrapiensa, mientras sentado hace las veces de malabarista para con su maldita mano izquierda  (siempre rebelde, siempre "independiente" del resto de su cuerpo, siempre anarquista) para agarrar un cigarrillo y el encendedor. "¿Porque siempre un cigarrillo?, porque no todo el paquete? ¿Sacar uno y dejarlo? Que tipo complicado sos".
"¿Otra vez el techo?  "pensó mientras miraba la hora. "No puedo dormir ni una hora seguida la puta madre". Miró a su lado y algo lo incomodaba, como si algo no estuviera en su lugar, aparte de los cigarrillos desparramados por el piso y el encendedor roto (maldita mano). Entonces, una idea lo iluminó, lo abrazó, ella estaba no estaba en la cama. La escuchó salir del baño y caminar por el pasillo, volver sobre sus pasos y luego decidirse por la cocina. "Algo anda mal, se va si avisarme y encima. Encima, aparte, duda si volver o no, se va, ya está asumilo chabón, se va". La cama tembló, y luego volvió a su lugar. "Que tipo boludo".
La mañana llegó, para variar con un calor incosebible, tan asqueroso que rechazó el mate, el café y las tostadas. Ella lo miró preocupada, pero luego siguió leyendo por decimoquinta vez ese libro que, no se sabe si le gusta mucho o si aún está intentado comprenderlo. "Otra vez vos acá, andate hijo de puta, hijo de puta, hijo de puta, no puedo ni disfrutar un domingo tranquilo que apareces acá de nuevo, ¿qué tengo que hacer para que me dejes tranquilo?". Se sirvió un vaso de agua y agarró el diario, mirando como siempre a ella, tan hermosa como todos los domingos, siempre y cuando todos los días se llamaran domingo. Encendió un cigarrillo, "es muy temprano para fumar che", no hizo caso al reproche y dio la primer pitada, casi desafiante. Puso un disco, el que tenía más a mano y volvió al sillón, ella se sentó a su lado lo besó y le murmuró algo al oído. Solo en el living, mirando el pasillo por donde iba y venía la muchacha, poniéndose el primer pantalón que encontraba y saliendo apurada mirando el reloj de la pared. "Ahora estamos solos, no la vas a seguir a ella el problema es conmigo" grita afirmando su sentimiento. "Sé que estas ahí, casi tanto como que no vas a aparecer, no se para que me gasto". Pensó en salir un rato al patio, pero los 38º a la sombra no lo terminaban de convencer. "¿Te estoy complicando no? ¿Si mi vida no es interesante que vas a hacer? te vas a tener que ir" mientras sonríe sarcásticamente, pone agua en una paba y está en el fuego.
"Definitivamente, este le encontró la vuelta para sacarme de encima" pensé, mientras miraba al cielo y quedaba al borde de la ceguera. Tome mi mochila y camine hacia la vereda, sin cerrar la puerta, la muchacha llegaba con bolsas de supermercado.

domingo, 31 de julio de 2011

Miles Davis, 1959, All Blues.

La fiesta
La música se escuchaba de varias cuadras a la redonda. Golpeó una puerta. Primero ingreso la altanería, luego la soberbia y por último él, Álvaro Mansilla. La gente  volteaba sus cabezas para sonreírle pero, él, se mantenía inmutable, ni un solo músculo de su cara siquiera atinaba a realizar un minúsculo movimiento. Álvaro caminó hacia la barra "Dame dos whiskeys dobles, escoceses, del más caro que tengas", tomó uno con cada mano y se alejó. Ingresó en un pasillo, contó varias puertas, hasta detenerse delante de una, por intuición tal vez. Bebió de un sorbo el primer vaso y golpeó. "Adelante" dijo una voz gruesa, haciendo temblar un florero que estaba a la izquierda de Lucio. Tragó el segundo vaso y poso su mano sobre el picaporte y lentamente lo giró.

La habitación
"¿Tiene lo nuestro Masilla?" preguntó el hombre que estaba sentado a la derecha de la puerta. "Me insulta Gómez Tulio, me insulta". "Solo quería asegurarme que sigue siendo el mismo". Álvaro abrió su sobretodo y sacó un sobre de papel madera de su interior, iba a apoyarlo en el escritorio que tenía delante, pero prefirió retenerlo, "¿Tienen lo que acordamos, verdad Gómez Tulio?". El hombre replicó, "Es usted quien nos insulta ahora Mansilla, por supuesto que lo tenemos, ¿Cuándo hemos faltado a nuestro acuerdo?"  Preguntó sin esperar respuesta y mostró un maletín negro entre sus piernas. "Tome asiento" dijo de repente la misma voz gruesa. Una figura alta y ancha salió de entre  las sombras y el humo del tabaco. Rodeó a Mansilla que acababa de sentarse. Posó las manos sobre sus hombros y segundos más tarde dijo “déjeme ver el paquete viejo amigo”, Mansilla lo entregó sin emitir un sonido.

El paquete
"Justo lo que buscábamos, siempre tan cumplidor y eficaz Mansilla", dijo el hombre gordo mientras largaba el humo de un cigarrillo importado. "El problema está, en que estas fotos comprometen a mucha gente, usted lo sabe, entre ellas gente allegada a mí” otra vez se llamó al silencio. “Ahora, queda un dilema, si lo hizo por respeto  a mí y a mi familia o por el dinero". Mansilla iba a contestar, cuando el hombre continuó hablando "En realidad, no le voy a mentir, estas fotos me  incriminan y presiento por el sudor que baja por su cuello, usted no sabía de mi presencia en la habitación esta noche".

La canción
 Dio una pitada del tabaco, esos segundos fueron eternos para Mansilla, y volvió a violar el frágil silencio con su voz de ultratumba "¿Me puede hacer un favor?". Mansilla, ya no era el mismo, la altanería y soberbia se habían transformado en nerviosismo y miedo "Si" contestó tembloroso. El hombre miró a Gomez  Tulio y sonrió, luego comenzó a tararear una canción, una canción que mansilla conocía muy bien, la había escuchado minutos antes en su auto. "Miles Davis,  1959, All Blues". Mientras asentía, el hombre exclamó un "ah" tan largo como sus silencios interminables, "Pero que idiota, muchas gracias, le ha quitado a un viejo una duda de varios días. ¿Quiere escucharla?". Mansilla pareció meditar su respuesta, aunque todos en la habitación conocían su respuesta, "Por favor, eso no se pregunta" contestó ahora más calmado.
Durante 11:30 minutos lo único que se escucho en la habitación, fue el sonido del tocadiscos, en los últimos segundos de la canción, sonó también el gemido  de un silenciador.

lunes, 18 de julio de 2011

Suárez y la persecución.

Suárez dirige sus pasos hacia la rivera, frenético, aunque titubeante. Camina con decisión. Pisa un pedazo de plástico y se exalta por su sonido, mira hacia los costados, como si alguien lo estuviera observando, eso es lo que él cree, que alguien lo persigue con la mirada, lo acompaña en la noche, esclavizándolo a la ruta que éste quiera. Se estremece de solo pensarlo, quiere quitarse ese pensamiento de su cabeza, no lo logra. Gira a la izquierda, luego a la derecha para girar nuevamente a la izquierda, cree que de esa forma conseguirá librarse de tan agobiante persecución. "Lo he logrado" piensa, "lo he dejado atrás". Pasos más tarde, oye pisadas unos metros detrás de él y aumenta el ritmo de su marcha, prácticamente corre, tropieza, intenta voltearse pero casi choca contra un canasto. Su corazón late cada vez más rápido, al compás de sus piernas. La respiración ajena se acerca, la tiene en su oreja, siente su humedad, su aliento pestilente acariciando su pelo. No comprende, su mente dice que está solo en esta caminata nocturna. Intenta tranquilizarse, entrar en razón, los pasos desaparecen, el aliento también. Comienza a mover sus piernas lentamente, como intentado disimularlo. De repente, frena su marcha bruscamente, trastabilla, su tez se vuelve más y más blanca, el sudor helado le cae por las manos, "por favor, dejame tranquilo" piensa. "No lograrás escaparte, esta noche no" dijo en su oído una voz dulce, femenina y suave. En ese entonces miró hacia las estrellas, como rezando o pidiendo un deseo y la vio, la vio como nunca, intranquila y turbia. Levantó la vista, el rio se encontraba frente a él, lo había logrado, una vez más lo había logrado.

sábado, 9 de julio de 2011

El tiempo jamás fue ni será un asunto al que darle importancia.

Continuaron pasando los segundos. Y así los minutos y las horas. Pero no lo sabés, nunca te darás por aludido. Para vos el tiempo jamás fue ni será un asunto al que darle importancia. El tiempo va y viene, casi como una hamaca, solías decir cuando aún manteníamos sueños y esperanzas, que hoy, solo son recuerdo, imágenes ajenas que revisitamos cuando la nostalgia sale electa entre un sin fin de sensaciones. Pero, aunque no lo creas, el tiempo pasó, ya nada es como era, nada me resulta más extraño, que ese joven poeta, idealista y galán que mi memoria intenta hacerme creer que fui. Pero no soy el único al cual el presente, lo golpeo al punto de la amnesia. Mirate, enfoca tus ojos a ese espejo horrible que tenés ahí y mirate por favor. Escuchate, no te reconozco, será que mi yo joven se fue con el tuyo, y quedaron estos dos personajes que nada tienen que ver con nosotros o tal vez, sean lo que siempre fuimos y nunca lo quisimos ver, quien sabe. Pero basta, basta ¡basta mierda! ¡levantate!, si te querés matar, hacelo ahora, no sigas estirando la agonía con eso, mira en lo que te convirtió, un monstruo que no puede quedarse parado, ni coordinar una oración. Tanto miedo le tenías al ser humano, que cuando supiste que vos eras uno también, comenzaste a autodestruirte, no lo comprendo, en serio no te comprendo Julio. Pero, como te voy a comprender a vos, con esa cabeza tan enroscada que siempre tuviste, si ni siquiera logro comprenderme a mí mismo, si nunca supe porque vivir, porque luchar, de no ser por vos hubiera estado en ese kiosco hasta el día de hoy, en serio te lo digo. Todo lo que tengo es gracias a vos, mi familia, mi casa, los departamentos, el auto, la educación de los chicos, de veras Julito, todo gracias a vos y a esas dos letras. En fin, me tengo que ir a una reunión, vos viste como son las cosas en año electoral. Pasaba para ver si necesitabas algo, te deje la comida y algo de plata ahí en la cocina. Aunque me da mucha pena como estás, quisiera quedarme, quisiera vivir acá con vos. En realidad, quisiera vivir como vos, siempre quise ser como vos ¿sabes? Eras el que hacia reír a todos, el que traía mujeres, el que siempre tenía una idea nueva para el partido, el primero en darle tu ropa a un necesitado, siempre quise tener tu coraje y tu honestidad. El hombre que aún estaba tirado en el piso, levantó la mirada por primera vez en la tarde. Cuando el otro comenzó a hablar nuevamente. Siempre quise ser como vos repitió, pero como me di cuenta que eso no se iba a dar jamás, y la puerta se cerró dejando a las palabras golpeando contra las paredes y desasiéndose en simples letras sin sentido.

martes, 14 de junio de 2011

La plaza

Quería creerle, lo necesitaba. Pero algo en su interior lo impedía. Ese miedo a caer nuevamente, a bajar por ese abismo sin fin, a ingresar una vez más en ese círculo infinito. Entonces llegó el recuerdo de aquella tarde, en la que nada volvió a ser igual. En la que la mentira cubrió la realidad y la golpeó en la cara sin ningún tipo de anestesia ni aviso previo.
Eso, eso le impedía creer y le negaba el ticket de entrada. La fría brisa comenzaba a sentirse y una hoja amarillenta, acarició su hombro izquierdo, mientras las lagrimas caían de sus tímidos ojos. Aún se oía esa voz, grave y penetrante, que años atrás la había engatusado con historias, con bellas palabras estratégicamente ordenadas para captar su atención, pero también para dejarla caer en el mundo de los sueños, en esas tardes en las que la lluvia golpeaba los techos y el gris piazzollesco gobernaba la ciudad.
Debía comunicar su decisión y acabar con esto de una buena vez, si, terminar estas idas y vueltas. Pero, ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo dejar atrás tantos años? Tantos momentos, tantas miradas, tantas sonrisas, tantas palabras. Si alguien sabía como hacerlo, que se acercara y le dijera, pensó. Otra hoja se posó en su hombro, o tal vez sería una pluma, quien sabe. Su mirada perdida, tenía restringido subir hacia sus ojos, y él lo notaba y aprovechaba, imponiendo su mirada sobre los ojos de ella, dejándola sin la posibilidad de mirar a otro lado.
Su mente iba y volvía, a lo largo de su caminata a esta la plaza, esa plaza tan plagada de recuerdos. Porque, hay plazas llenas de árboles, plazas llenas de juegos para niños, plazas, tal vez, llenas de cemento y mesas para jugar al ajedrez y hay plazas llenas de recuerdos. Ésta, al menos ella la reconocía así, era una plaza llena de recuerdos. Cada flor, cada pasto, cada hoja, de cada rama, de cada árbol, tenía su pequeño espacio en el cajón de los recuerdos de su mente. Ya que, se había encargado de prestar detenida atención a cada objeto, cada mínimo y pequeño detalle, para que, cuando se sintiera sola o aburrida, poder recrearla de manera perfecta. Y así lo hacía, cada tarde y cada noche. Nunca la recordaba durante la mañana, podría ser porque nunca habían ido antes del mediodía o porque los recuerdos flotan a partir del crepúsculo y hasta el amanecer.
Abrió los ojos, ya no había hojas en los árboles, era invierno y el frío acariciaba los huesos. Se puso de pie, mirando al banco. A ese banco que, tantas veces, la había acompañado sin decir ni una palabra, ni dejar sentar a otra persona a su lado.

jueves, 2 de junio de 2011

Ahogado

Un grito sordo
Ahogado entre paredes de agua
Que se sobreponen
Y levantan imponentes

Lo devoran
Dejándolo, al fin, sin escapatoria
Las luces se apagan
Llevándose todo lo bello con ellas

Ya no posee sus manos
Ni se encuentra atado a sus piernas
No le quedan músculos ni huesos
La cabeza no existe, sus ideas ni hablar
 
Tan solo lo abraza
De la forma más cálida que jamás lo abrazaron
Su inseparable alma